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El Ministerio de Asuntos Exteriores español se encuentra periodicamente con asuntos urgentes que resolver

En 15 días...

jueves 01 de diciembre de 2005, 01:00h
En Madrid, durante estos días, las aguas políticas bajan agitadas por la repercusión de muchos asuntos de orden nacional e internacional y en los sectores próximos al Ministerio de Asuntos Exteriores de España se comenta que a la diplomacia nacional se le acumula el trabajo.
En Madrid, durante estos días, las aguas políticas bajan agitadas por la repercusión de muchos asuntos de orden nacional e internacional y en los sectores próximos al Ministerio de Asuntos Exteriores de España se comenta que a la diplomacia nacional se le acumula el trabajo.

“Disparan desde todos lados”, dicen. Y aunque los altos funcionarios del Palacio de Santa Cruz debieran estar curados de espanto todavía se encuentran con frecuencia con sorpresas y conflictos inesperados a los que hacer frente un día sí y otro también. Una de las últimas ha sido la iniciativa adoptada por el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, que llamó a consultas al embajador español en La Habana, Carlos Zaldivar, para pedirle explicaciones por unas declaraciones realizadas en Venezuela por el ministro español de Defensa José Bono.

Esta es, como han explicado diplomáticos de los dos países, una práctica habitual que no supone necesariamente la antesala de una crisis. Y que, muy probablemente, tampoco lo será en este caso, desde luego.

Hay que comprender al ministro español y el extraordinario ejercicio de funambulismo que tuvo que realizar en Caracas cuando acudió a cerrar la venta prevista a Venezuela de armamento español y participó en un acto protocolario en presencia de Hugo Chávez. Sobre todo por la costumbre de Washington de complicar los escenarios con rumores de conspiraciones izquierdistas globales ni desmostradas, ni desmostrables. Y en ese contexto, José Bono pronunció una frase poco feliz, que quizá sea una de las peores de su historía política, en la que comparó al presidente cubano, Fidel Castro, con el ex-dictador chileno Augusto Pinochet. Claro que Bono se equivocó. Pero se equivocó porque no estaba al corriente de algunos datos como el hecho de que en la Isla existe un proceso electoral por el que se elige a este mandatario.
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