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Carmen Herrera Delegada de Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra

Con permiso... Tres preguntas

viernes 15 de abril de 2005, 01:00h
En declaraciones a la agencia Prensa Latina, María del Carmen Herrera Caseiro, delegada de Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, asegura que la actividad de este organismo se encuentra lastrada por una serie de desequilibrios estructurales que se han instalado en él y que contribuyen a que unos países reciban mejor trato que otros. Herrera afirma también que los países industrializados realizan una manipulación interesada del trabajo de este organismo y que, como consecuencia de estos problemas, la credibilidad de las resoluciones cada vez es menor.
En declaraciones a la agencia Prensa Latina, María del Carmen Herrera Caseiro, delegada de Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, asegura que la actividad de este organismo se encuentra lastrada por una serie de desequilibrios estructurales que se han instalado en él y que contribuyen a que unos países reciban mejor trato que otros. Herrera afirma también que los países industrializados realizan una manipulación interesada del trabajo de este organismo y que, como consecuencia de estos problemas, la credibilidad de las resoluciones cada vez es menor.



-¿En qué basa Cuba su desacuerdo con la Comisión de Ginebra?

-En nuestra opinión, la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra debe hacer un esfuerzo por superar los desequilibrios crecientes que se han instalado en sus estructuras de funcionamiento y que van, fundamentalmente en detrimento de los países en desarrollo. La Habana está preocupada por varios signos claros en esta dirección. Por ejemplo, si se observa la plantilla de trabajadores de que dispone la Oficina del Alto Comisionado se ve la curiosa circunstancia de que las áreas geográficas donde se encuentran los países más desarrollados tienen un mayor número de personal. Sin contar con que nosotros no creemos que esté completamente asegurada ni su neutralidad, ni su integridad, ni su independencia tanto individual como colectiva. Y, no hay duda, de que esas condiciones inciden de forma evidente en la elaboración de los informes que solicita la Comisión, unos textos donde hay muchas diferencias. También en el apoyo y asesoramiento que reciben unos y otros países y, por supuesto en todas, las demás tareas de las que se encarga esta oficina que es parte fundamental del trabajo de la Comisión.

-¿Qué ha intentado hacer el Gobierno de La Habana para superar y corregir estos desequilibrios que denuncia?

-Nosotros, junto a otras naciones llevamos solicitando desde hace varios años que se establezcan mecanismos para asegurar un mayor balance geográfico en la composición del personal de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Sin embargo en los últimos años, estos desequilibrios aumentan. De hecho, en la actualidad el grupo llamado Europa Occidental y otros Estados, donde se encuentran las naciones más desarrolladas, tiene más funcionarios asignados en la Comisión que todo el resto del mundo en su conjunto. Y esa situación impide, a nuestro juicio la plena comprensión de la diversidad de culturas, ideologías, civilizaciones, religiones, sistemas jurídicos, políticos y filosóficos que conviven en el mundo, lo que sería imprescindible para que la comisión pudiera llevar a cabo un trabajo imparcial. La asimetría se repite asimismo en el sistema de procedimientos especiales de la CDH, a lo que hay que sumar la clara manipulación política de que constantemente son objeto estos mecanismos por parte de los países industrializados.

-¿Cree que estos problemas que señala pueden llegar a dañar la credibilidad de este organismo internacional?

-La acumulación de ambos desequilibrios origina en la Comisión una repetición casi constante de la falta de objetividad, la selectividad intencionada y los enfoques parcializados, todo lo cual va contra la credibilidad internacional de este foro. Lo mismo que las diferencias en la asignación de recursos y el apoyo a los diferentes mecanismos de la Comisión para que puedan realizar el trabajo que se les ha encomendado. Nosotros creemos que resulta inaceptable que se privilegien los procedimientos establecidos en la esfera de los derechos civiles y políticos en detrimento de aquellos que se refieren a los derechos económicos, sociales y culturales de la población. Y eso explica que EEUU y la UE, y los otros estados desarrollados puedan utilizar esta comisión para condenar a las naciones del tercer mundo, como Cuba. Creemos que si no se introducen los cambios necesarios para resolver estos desequilibrios institucionales, poco a poco, este foro y esta institución irán perdiendo sentido y serán cada vez más inoperantes, como ya ha empezado a suceder en los últimos años.

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