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Comenzó la fiebre, también en Cuba

Desde semanas atrás los comentarios comenzaron a cobrar fuerza y también la preocupación de cómo arreglárselas para ver los partidos del Mundial de Fútbol como cuando se celebró en Sudáfrica, que por las diferencias de horario, muchos cultivaron ojeras por pasarse las madrugadas en vela. Desde semanas atrás los comentarios comenzaron a cobrar fuerza y también la preocupación de cómo arreglárselas para ver los partidos del Mundial de Fútbol como cuando se celebró en Sudáfrica, que por las diferencias de horario, muchos cultivaron ojeras por pasarse las madrugadas en vela.

Pero Brasil está del lado de acá del océano, y por eso, desde que se escuchó el pitazo inicial del mundial de fútbol 2014, miles de cubanos no se despegan de sus televisores, pues el Instituto Cubano de Radio y Televisión cuadró el negocio para transmitir en vivo y en directo prácticamente todos los partidos, y como los horarios son muy cómodos, se da por descontado que esta vez hasta el gato de la familia se sentará ante la pequeña pantalla.

Gracias a la tecnología los cubanos se han inclinado cada vez más hacia el fútbol, porque Telerebelde, el canal de los deportes, trasmite durante todo el año, en directo o diferido,dependiendo de los horarios, los encuentros de los torneos más importantes de Europa y América, y hasta de Asia y África, por lo cual el deporte rey se ha ido entronizando en el gusto de los cubanos, que tradicionalmente pusieron todo su entusiasmo en el béisbol.

No obstante, esa afición creciente por el deporte de las multitudes no ha podido hasta ahora cambiar la situación, y mientras el béisbol cubano se mantiene en los primeros lugares a nivel mundial, el fútbol que se juega en la isla sigue siendo “de manigua” o “de cuatro esquinas”, como dicen los aficionados y expertos, y no hay una sola figura sobresaliente en eso de correr detrás de un balón.

“A falta de pan, casabe” dice Evelito, uno de los miles de jóvenes que estos días buscan la manera de estudiar para los exámenes finales del preuniversitario y al mismo tiempo mantenerse clavado ante el televisor para no perderse un solo tope.

Evelito está convencido de que “de aquí a que salga algo de primera línea en Cuba, María camina y Juana gatea, pues no existen espacios suficientes donde practicar fútbol y no pasa como con la pelota, que uno nace con un bate en la mano; pero mientras, uno se contenta con ver a las grandes estrellas el fútbol internacional”.

En cuanto a las preferencias, a falta de un equipo Cuba, la afición aparece bastante dividida, aunque no es necesario recurrir a encuestas científicamente fundamentadas para percibir a simple vista que la mayoría de los hinchas se inclinan por el equipo de España, pues al fin y al cabo, es la Madre Patria; pero no se quedan atrás los que apoyan a Argentina, Brasil o Uruguay, que son “de Nuestra América”.

Tampoco faltan los de preferencias más exóticas, como los que le van a Holanda aunque no tengan idea de dónde queda el puerto de Rotterdam, o a Alemania, quizá por aquello de que la calidad de los teutones debe ser la misma que la de un Mercedes Benz.

Y como en todas partes, comienzan las apuestas en una eterna discusión de quién se llevará la copa, en una puja en la que no faltarán los tránsfugas, que cuando vean eliminado a su equipo preferido, tranquilamente se pasarán de bando y le profesarán sus aplausos y gritos de ¡goooooooool! a los que marchen de punteros aunque el día antes fueran sus enemigos.

Tampoco escasean quienes aprovechan el mundial para hacer unos cuantos pesitos. Camilo es uno de ellos. Con la chispa siempre encendida, y con tiempo suficiente, se puso de acuerdo con una ‘mula’ que a cada rato viaja desde Ecuador trayendo ropa y cosméticos, y que esta vez sustituyó toda esa mercancía por camisetas de los equipos participantes y hasta banderas.

Y hace pocos días Camilo sorprendió a todo el barrio cuando salió a la calle ataviado con una camiseta de Argentina, un short del Real Madrid y medio envuelto en una bandera italiana, anunciándole discretamente a los transeúntes: “Tengo además de Alemania, Brasil, Argentina y Francia, y todas las camisetas que tú quieras. A 10 fulas la camiseta y a 7 la banderita…”.

Pero el negocio no es solo privado, pues también los hoteles y discotecas prevén recaudar de más con la venta de bebidas y el ‘cóver’ para quienes quieran disfrutar de los juegos en sus locales a nivel de ‘pantalla plana’ y aire acondicionado.

No obstante, algunos afirman que el ICAIC le va a “serruchar el piso” a ese negocio, pues varios cines pasan la programación futbolera también en directo, y en alta definición, por la módica suma de 10 pesos cubanos en las primeras etapas y a 20 la final, y con el aquello de que un cine repleto de gente gritando lo hace sentirse a uno casi como en el Maracaná.

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Comenzó la fiebre, también en Cuba

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