Cuba es un país tranquilo comparado con cualquiera, por eso, cuando ocurre un hecho violento, los comentarios corren a toda velocidad en Radio bemba, y como la prensa local raramente toca esos asuntos, los temas de «la crónica roja» se multiplican, se enriquecen con la imaginación de los cuenteros y se inflan como globos. Cuba es un país tranquilo comparado con cualquiera, por eso, cuando ocurre un hecho violento, los comentarios corren a toda velocidad en Radio bemba, y como la prensa local raramente toca esos asuntos, los temas de «la crónica roja» se multiplican, se enriquecen con la imaginación de los cuenteros y se inflan como globos. Acaba de conocerse que un grupito de delincuentes, al parecer entusiasmados con las películas de robos de bancos, asaltaron una sucursal de la Wester Unión en el céntrico mercado de Carlos III, uno de los más grandes de La Habana. Radio bemba no da pie con bola en la cantidad de dinero que sustrajeron ni en pormenores de la acción. Solo se sabe, o se comenta, que en el asalto una empleada resulto herida -muerta dicen otros-, y que a los tipos los capturaron en un dos por tres. El hecho conmovió a muchos, sobre todo por la desventura de la víctima, y sacó a la luz una frase que se repite siempre que se dan casos así: La calle está mala. Otro caso, también grave, sí apareció en la prensa, cuando el diario Juventud Rebelde informó que la policía detuvo a varios miembros de redes clandestinas que se dedicaban a robar materias primas y máquinas de laboratorios para fabricar falsas tabletas de Parkisonil (Trihexifenidilo), que consumen los enfermos de Parkinson, bajo un férreo control de su venta en las farmacias. Pero para los cubanos, que le sacan lasca a todo, el asunto tomó ribetes de folletín al conocerse que los contrabandistas del medicamente eran, además, unos vulgares estafadores. El caso es que el Parkisonil es una fuerte droga muy demandada por los adictos cubanos, que con ella «se colocan» a las mil maravillas; sin embargo, los delincuentes lo que vendían como tal eran pastillas de Benadrilina (Trihexifenidilo), un antihistamínico que en dosis normales en el peor de los casos lo que da es sueño, así que los yonquis antillanos deben haber disfrutado tremendas siestas en lugar de las deseadas imágenes sicodélicas.
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