Un viejísimo cha cha cha que recuerdan los abuelos tenía un puntilloso estribillo que repetía hasta el cansancio «ladrillos, cemento y arena» sin otro propósito, al parecer, que prolongar el placer de los bailadores. Un viejísimo cha cha cha que recuerdan los abuelos tenía un puntilloso estribillo que repetía hasta el cansancio «ladrillos, cemento y arena» sin otro propósito, al parecer, que prolongar el placer de los bailadores. Pero bien pudiera ponerse de moda nuevamente, si nos atenemos al corre-corre que han armado miles de cubanos para solicitar subsidios con vistas a edificar reparar sus viviendas.Las propias autoridades dijeron que solo el primer día que entró en vigor esa disposición se realizaron en el país casi cinco mil solicitudes de subsidios para acciones constructivas, y eso sin contar a las provincias de Mayabeque, Matanzas, Cienfuegos, Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo. La medida, aprobada en diciembre pasado por el Consejo de Ministros, establece el otorgamiento de estos subsidios a las familias afectadas por catástrofes y a casos sociales críticos, y consiste en una donación monetaria del Gobierno, libre de costo o devolución, por lo que solo se hará efectiva para los ciudadanos sin solvencia económica, que vivan en condiciones habitacionales vulnerables. También beneficia a quienes carezcan de vivienda o estén necesitados de construir, ampliar, reparar o conservar esta, siempre y cuando sea por esfuerzo propio. La disposición se suma al aumento de la venta de materiales con precios sin subsidio, la aprobación de créditos a particulares para pagar la construcción y la mano de obra, y la rebaja de precios de 122 materiales de construcción. Se cae de la mata, como dicen en la isla, que con ello se busca una vía más para encaminar la solución del problema de la vivienda, uno de los más graves que padecen los cubanos, pues no hace falta caminar mucho para encontrarse familias en las que cuatro generaciones conviven apretadas en una misma casa, o a gente que han construido «barbacoas» a falta de espacio para ampliarse, sin contar aquellos a los que un ciclón les tumbó la casa y fueron a parar a un albergue a esperar sentados a que el Estado les entregue una nueva.
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LADRILLOS, CEMENTO Y ARENA
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