Hortensia se acercó al mostrador y pasó su vista, una y otra vez, desde las piezas de carne hasta la tablilla con los precios: Pierna y lomo a 30.00 pesos, costilla a 25.00, pierna limpia y deshuesada a 40.00, bistecs al mismo precio… Hortensia se acercó al mostrador y pasó su vista, una y otra vez, desde las piezas de carne hasta la tablilla con los precios:
Pierna y lomo a 30.00 pesos, costilla a 25.00, pierna limpia y deshuesada a 40.00, bistecs al mismo precio…
«Que va, no me da la cuenta para comprar una pierna entera, así que voy a tener que conformarme con unas costillitas y unos bistés y estirarlos hasta el día del cobro» pensó luego de escarbar mentalmente en su monedero.
Hortensia acostumbra comprarle la carne de cerdo al Chino, el carnicero de la esquina de su casa, porque sus productos frescos, con buena calidad y además es el vendedor más cercano, aunque «no perdona en eso de los precios, que andan por las nubes».
La carne de cerdo es el manjar preferido del cubano y casi un indicador de cómo marcha la economía, pues el precio de la libra de puerco es para el cubano casi como el patrón oro en las finanzas internacionales. Pero desde hace tiempo, adquirir el apetecido alimento se hace cada vez más difícil para la mayoría de la gente, porque los precios suben de manera lenta y sin marcha atrás.
Lo más llamativo es que no parece influir en nada la ley de la oferta y la demanda, pues a juzgar por lo que afirman las autoridades, en el 2013 se logró una producción de más de 156,578 toneladas, unas 12,000 más que en el año precedente, con lo cual los productores porcinos implantaron un record de producción, al superar las 102,406 toneladas logradas en el año 1989, la cifra más alta conocida hasta ahora.
Pero a diferencia de 1989, cuando se vivía todavía en la época de vacas gordas y casi toda la producción era estatal y los piensos y otros insumos llegaban por tubería desde La Unión Soviética y la RDA, en el 2013 el 87 por ciento corrió a cargo de productores privados, a quienes se les venden los pie de cría que produce la empresa estatal y el 70 % de la alimentación, a partir básicamente de piensos con materias primas del país, mientras que el restante 30 % de la alimentación corresponde a lo que producen los 9.000 ganaderos dedicados a este sector.
Estos datos, que son oficiales, dejan ver que prácticamente no se importa ni una tonelada de piensos, por lo que se hace más incomprensible para personas como Hortensia, que los precios no se detengan.
Y la diferencia es más que abismal. En aquel lejano 1989 la libra de cerdo rondaba los 4.75 CUP, y ya entonces todos decían que era demasiado.
Luego, cuando se desquició la economía con la crisis de los 90 hubo un momento en que se cotizó a más de 100.00 la libra. Lugo fue disminuyendo hasta rondar los 20.00, pero en los últimos años ha vuelto a subir.
La mayoría de los puestos de venta son privados, y como si existiera un férreo pacto entre caballeros, todos tienen idénticos precios, ni un centavo menos, ni uno más. También hay contados mercados estatales donde el producto es notablemente más barato, pero la mayor parte del tiempo permanecen vacios porque cuando llega el producto se vende en un dos por tres. No solo es insuficiente el abastecimiento, sino que incluso algunos clientes adquieren grandes cantidades para revender más adelante o abastecer restaurantes privados, a falta de un mercado mayorista.
Así que Hortensia sigue sacando cuentas cada vez que acude a comprar la carne, no con la esperanza de hallarla más barata, sino por lo menos, que no esté más cara.
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