Como en todas partes, el fin del 2013 y el inicio del nuevo año fueron en Cuba momento de congratulaciones y de mucho jolgorio. Como en todas partes, el fin del 2013 y el inicio del nuevo año fueron en Cuba momento de congratulaciones y de mucho jolgorio.
En cuestión de reconocimientos, los músicos César ‘Puppy’ Pedroso y Adriano Rodríguez merecieron el Premio Nacional de Música 2013, entregado en esta ocasión de manera excepcional a dos figuras de ese ámbito.
Un jurado de números uno, formado por Juan Formell, director de la orquesta Van Van; el sonero no menos famoso Adalberto Álvarez, el pianista Frank Fernández, la directora coral Digna Guerra y el prestigioso músico Alfredo Diez Nieto, destacó la trayectoria de ambos y de manera especial los muchos años dedicados a la música por el nonagenario Rodríguez.
‘Pupy’ es reconocido como un excelente intérprete, pianista, compositor y arreglista, con su grupo Los que Son Son, ha puesto a bailar a media Cuba con temas suyos famosos como Temba, tumba, timba y El negro está cocinando.
La carrera de Adriano Rodríguez, en tanto, está marcada por la versatilidad, desde sus presentaciones iniciales en centros nocturnos durante la década de 1950, hasta sus actuaciones líricas.
Las actuaciones de ambos artistas para celebrar su reconocimiento nacional se sumaron al despliegue de casi toda la tropa artística cubana para despedir el año y recibir el “Aniversario 55 del triunfo de la Revolución”, que se prolongaron en teatros, plazas y otros espacios públicos con conciertos simultáneos de las bandas municipales y provinciales, el 29 de diciembre, a media mañana, hasta el domingo 5 de enero, sin Cabalgata de Reyes pero con mucha pachanga.
El 31 fue para pasarlo en familia casi todos o, los más pudientes, celebrarlo en discotecas y restaurantes, mediante reservaciones previas que se agotaron desde días antes.
Ese día, a las 12 de la noche en punto, tras el himno nacional y unos petardos para la ocasión, unos lanzaron a la calle el tradicional balde de agua sucia para así comenzar el año con la casa limpia de malos espíritus, mientras que otros con valija en ristre y diciéndole adiós a los vecinos, le dieron una vuelta a la manzana, para con esa “ceremonia” acercar el cumplimiento de un deseado viaje.
Al parecer, al calor de las libertades alcanzadas en lo referente al tema migratorio, el número de quienes salieron a la calle con su maleta a cuestas resultó ostensiblemente mayor que en años anteriores.
Y el 1 de enero, para las fiestas en todos los municipios, a partir de las nueve de la noche, quienes aún con la resaca de la víspera al parecer esperaban alejarla con más cerveza y ron y mucha música y bailoteo.
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¡Que la fiesta continúe!
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