En alguna otra ocasión hemos hablado aquí de las particularidades del «idioma cubano», y tendremos que insistir más de una vez pues el tema da para mucho, y recuerde que aunque en la isla hay hasta una «sucursal» de la Real Academia y el castellano es la lengua oficial, a veces se requiere de un traductor local para saber de qué se está hablando. En alguna otra ocasión hemos hablado aquí de las particularidades del «idioma cubano», y tendremos que insistir más de una vez pues el tema da para mucho, y recuerde que aunque en la isla hay hasta una «sucursal» de la Real Academia y el castellano es la lengua oficial, a veces se requiere de un traductor local para saber de qué se está hablando.
Porque si usted tropieza y se cae, «se destimbala», «se desguabina» o «se desmondinga», pues son sinónimos. Al que salió perdiendo en una riña, «le partieron la siquitrilla», pero si usted es de los que corre en vez de enfrentarse, «echa un patín», y si prefiere ignorar a su agresor, muy sencillo: «tírelo a mondongo». Y casi siempre las peleas se deben a que hubo una confusión, pero para el cubano es mejor decir que fue «un arroz con mango».
Los cubanos son grandes bailadores, o lo que es lo mismo, les gusta «echar un pie», y cuando se emborrachan en una fiesta dicen al día siguiente que «cogieron tremenda nota».
Como en todas partes, los hay holgazanes, es decir, que «no disparan un chícharo»; muchos viven en malas condiciones materiales, pues se están «comiendo un cable» y si no tienen un centavo en el bolsillo, «están pela´os». Pero buscan la manera de salir de las dificultades, y para lograrlo «resuelven», «meten mano» o «enganchan». En cambio, los que ostentan su bienestar, «se dan lija».
Si usted escucha que «fulano es un lámpara», tenga cuidado porque está delante de un pícaro. Cuando un cubano se equivoca, es que «metió la pata»; y si es de esas personas obsesivas, «tiene matraquilla».
Los infieles no ponen los cuernos, «pegan los tarros», pero si se enamoran de verdad «se encarnan»; y si logran enamorar a la muchacha, fue que «ligaron una jeva». Esta puede ser muy delgada, como «un esqueleto rumbero», pero ella puede considerarlo a él muy guapo, y por eso le dice a sus amigas que tiene «tremendo mango». Pero si no son correspondidos en el amor, se vuelven locos, y en esa triste situación aseguran que están «fundidos», que «tienen guayabitos en la azotea», que «se le cruzaron los cables» o que «les patina el coco». Casi todos son habladores, es decir, que «meten tremenda muela»; los hay muy inteligentes, porque «son un filtro»; y generalmente estos estudian mucho, porque son «una polilla» y si algo le sale bien, se debe a que es «un bárbaro», «un salvaje», «una fiera» o «se la comió». Pero cuando las cosas le resultan muy difíciles es porque «se la pusieron en China». Y aunque en cualquier parte del mundo la muerte es la muerte, en Cuba no, pues cuando la parca llega, ellos «estiran la pata», «guindan el piojo» o «cantan el manisero».
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