En los últimos días del 2014 y en lo que va del nuevo año los amantes de los seriales policíacos, que son bastantes entre los cubanos, se «han puesto las botas», expresión a la que siempre se recurre cuando uno está más que satisfecho con lo que tiene ante sí. En los últimos días del 2014 y en lo que va del nuevo año los amantes de los seriales policíacos, que son bastantes entre los cubanos, se «han puesto las botas», expresión a la que siempre se recurre cuando uno está más que satisfecho con lo que tiene ante sí.
Resulta que la televisión cubana lanzó martes, jueves y sábado, entre una telenovela y otra, la serie UNO (Unidad Nacional Operativa) en una primera temporada de 18 capítulos que, al parecer, por primera vez ha colmado todas las expectativas.
«Al fin dieron en el clavo», es lo que comentan muchos, como Tony, un estudiante de preuniversitario, quien agrega que «es la primera vez que los buenos me caen bien, porque parecen de carne y hueso, con virtudes y defectos, como todo el mundo». «Cuando veo a unos policías que son capaces de meter la pata, me da la impresión que tiene más mérito cuando alcanzan una victoria», filosofa por su parte Aleida, una maestra de secundaria.
Otros opinan que UNO se lo ha puesto duro a Tras la Huella, el otro policíaco de factura nacional, que aparece en el horario estelar los domingos por la noche y que tampoco nadie se pierde, aunque todo el mundo lo critica porque sus protagonistas «buenos» son tan perfectos hasta en el uso del uniforme que parecen robots.
«En Tras la huella los que a mí me caen bien son los delincuentes, casi siempre son graciosos y como no corre mucha sangre, pues poco falta para que una les coja lástima, porque a los policías, de tan tiesos, no los soporto», afirma Carmita, una mulatica que consume las telenovelas extranjeras vía memoria USB, pero tiene cierta debilidad por los policíacos nacionales.
En cambio, entre los personajes de UNO hay para todos los gustos, pues Silvia, la jefa del grupo operativo, «es un berro seco, una mujer amargada como hay montones por ahí» afirma María Elena, una socióloga, que califica a otro de los personajes, Tony, como «un cubano guapachoso de los que uno se encuentra en cada esquina», mientras que Alex, el otro oficial, «es un rompe corazones, con sus puntos débiles, como todos» y Vania, la novata del grupo, «lo mismo se asusta cuando le disparan, que se mete, sin darse cuenta, en la primera línea de fuego».
Ya opiniones más especializadas dan algunas pistas del éxito, pues Eduardo Vázquez, uno de los guionistas, aseguró en una entrevista que «no inventamos el café con leche, de eso estamos convencidos, pero al menos no se nos fue la mano en el café y todo radicó en trabajar duro y en equipo».
En cuanto a Roly Peña, el director, que ha alcanzado el éxito en otros dramatizados, lo tiene claro: «Nuestra policía no hace de su trabajo un espectáculo, pero la televisión sí debe ser espectacular. No le temo a la palabra espectáculo, porque precisamente estamos hablando de una puesta en función de entretener.
«Lo inteligente está en que mientras entretenemos, transmitamos valores y que el televidente tenga la capacidad de reflexionar sobre esto. Soy cubano, estoy haciendo una serie cubana para un público cubano. Esta es una posibilidad que debemos aprovechar, tanto por los personajes, como por las locaciones y los hechos. Es una serie de un presupuesto bajo, de producción modesta, pero eso no puede justificar que no sea entretenida, así que echamos mano a todos los recursos posibles, sean una buena acción, buenos diálogos, un buen momento de los personajes, buenas caracterizaciones e incluso partiendo de intereses y criterios que tiene el público a la hora de ver un policíaco o de ver un producto cubano.»
Y de paso, la serie, como las demás producciones cubanas de su tipo, tienen cierta dosis de morbo para una parte de los televidentes, pues en un país donde la prensa amarilla no existe, estos materiales resultan algo así como una «crónica roja» casi oficial, pues los temas no son pura ficción, sino que casi siempre están basados en casos reales, en los que apenas se cambia el nombre de los protagonistas de carne y hueso y detalles de menor cuantía.
Por lo pronto, muchos se quitan el sombrero ante UNO, y otros tantos rezan para que no se eche a perder antes de llegar a su final y que las demás series del mismo corte sigan igual camino.
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