Tratándose de los chismes de la diplomacia estadounidense puestos en la palestra pública por los demonios de Wikileaks, el tema de Cuba no podía faltar, pero en este caso los muchachos de la Oficina de Intereses en La Habana no dejaron títere con cabeza pues no solo arremetieron contra el gobierno de la isla -cosa lógica porque es su enemigo mortal- sino que hicieron trizas a buenos amigos de la disidencia y hasta la cogieron con la Iglesia Católica. Tratándose de los chismes de la diplomacia estadounidense puestos en la palestra pública por los demonios de Wikileaks, el tema de Cuba no podía faltar, pero en este caso los muchachos de la Oficina de Intereses en La Habana no dejaron títere con cabeza pues no solo arremetieron contra el gobierno de la isla -cosa lógica porque es su enemigo mortal- sino que hicieron trizas a buenos amigos de la disidencia y hasta la cogieron con la Iglesia Católica.
Primero, fueron los cables diplomáticos sobre la precaria salud de Fidel Castro, pero más tarde la sorpresa fue general cuando se supo que el jefe de la Sección de Intereses de Washington en La Habana (SINA), Jonathan Farrar, calificó a los disidentes de personalistas, sin arraigo social y excesivamente preocupados por conseguir dinero, y les dio la estocada final al considerar que quienes sustituirán a los hermanos Castro son los funcionarios medios del mismo gobierno.
Pero resulta que en otras revelaciones más recientes, el propio Farrar afirma que la Iglesia Católica en Cuba capituló ante el gobierno de la isla y estimó difícil medir la «eficacia» de su intercesión por la liberación de presos políticos.
Según reportes enviados al Departamento de Estado en 2008, los funcionarios de la SINA celebraron reuniones con el cardenal Jaime Ortega, otros jerarcas y religiosos de la Iglesia y concluyeron que «Desde el cardenal Ortega hasta las monjas de provincias, la Iglesia evita desafiar el gobierno cubano. El temor de provocar la ira reduce sus programas a labores limitadas, como el cuidado de enfermos mentales».
Todo hace indicar que la SINA quería la confrontación abierta Iglesia-gobierno, pero los religiosos optaron por el diálogo entre bastidores, que a la larga le ha reportado más beneficios y resultados palpables, como la liberación de la mayoría de los disidentes presos. No se conocen las consideraciones de la Iglesia sobre los chismes de Farrar, pero seguro este no se salvará de las llamas del infierno.
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