Las bicicletas recuperan en Cuba el protagonismo que tuvieron en la última década del siglo XX, cuando la desintegración de la Unión Soviética sumió a la isla en una profunda crisis económica recordada como «El Período Especial».
La precariedad de aquellos duros años vuelve a la memoria de muchos en escenas que parecían superadas: paradas de autobuses abarrotadas, pocos ómnibus, triciclos eléctricos con altos precios y, de vez en cuando, algún carro estatal dispuesto a ofrecer un aventón.
Los famosos taxis «almendrones» (automóviles de mediados del siglo pasado) imponen «precios prohibitivos» y es «insostenible» pagarlos de forma regular para ir al trabajo, dijo a la Agencia Sputnik el joven César Vázquez, ayudante de chef en un restaurante local.
Según contó, a mediados de febrero usó sus ahorros para comprarse una bicicleta y recorrer cada día los más de 30 kilómetros entre su casa, en el periférico barrio Arroyo Naranjo, y su trabajo, en el céntrico Vedado habanero.
Hace cinco días que no ha entrado el agua en su localidad: hay «tremendos problemas» con el bombeo debido a los continuos apagones, pero al menos tiene la certeza de que llegará a tiempo al restaurante y podrá mantener su trabajo.
El joven de 23 años termina de trabajar casi siempre de noche y reconoce los peligros del regreso a casa, porque a esa hora «casi toda La Habana está en apagón, hay mucha oscuridad en las calles y demasiados baches, los semáforos no funcionan».
También en la noche evita los barrios «problemáticos»: en los últimos días ha sentido los «cacerolazos» de vecinos que exteriorizan su malestar por la crisis energética.
David Sosa, ortopédico de profesión, relató a la Agencia Sputnik que usa su bicicleta no sólo como medio de transporte, sino como forma de sustento.
Debido a los altos costos del transporte y a la irregularidad del servicio, hace 7 años que este joven especialista comenzó a usar la bicicleta para ir al hospital donde trabajaba y «desde entonces nunca más he utilizado transporte público o privado».
Hace par de años, Sosa transformó su bicicleta y le colocó un dispositivo en la parte delantera que le permite llevar con comodidad la mensajería y también trasladar con seguridad a su hija de tres años.
«Ahora en este momento que ya no estoy ejerciendo como médico se ha vuelto, además de mi pasión, es mi medio de sustento. La uso para trabajar y generar ingresos de varias maneras», relató el ortopédico, que ahora gana más como mensajero que como galeno.
Sosa es un gran defensor de la «versatilidad» y de la independencia que le garantiza la bicicleta, con la que puede «resolver de todo», apuntó.
«Cuando andas en bici sientes el mundo de una manera diferente, te da libertad, alegría y, sobre todo, autonomía sin altos costos. Disfrutas del paisaje y te tomas los tiempos con más calma. Te libera. La bici además de ser útil es terapéutica», consideró.
La escasez de combustible y las pocas rutas de autobuses que circulan ahora en la capital cubana recuerdan el similar escenario del «Periodo Especial», la severa crisis que golpeó la isla luego de la caída del llamado Campo Socialista.
Alejandra Briones pasó su infancia durante esos años difíciles y recuerda muy nítidamente lo importante que era para su familia la bicicleta.
«Crecí escuchando las historias de sus bicicletas robadas, vivimos en un 4to piso y fueron varias, imaginaba que eran objetos muy preciados», contó Briones a la Agencia Sputnik.
Su papá la enseñó a montar en bicicleta cuando era pequeña y eso le permitió salir con su mamá los fines de semana para visitar a la familia en un momento en que también era casi inexistente el transporte urbano, rememoró.
Ahora, la bicicleta volvió a convertirse en su medio de transporte, con ella va cada día a la oficina donde trabaja, como hizo su padre durante los años 90″s, cuando las calles cubanas se llenaron de bicicletas procedentes de China y algunas de producción nacional.
Durante el «Período Especial», en centros laborales estatales se ofrecían facilidades de pagos para comprar bicicletas e incluso, las entregaban como recompensa o «estímulo» para los trabajadores «vanguardias».
Actualmente, la producción de bicicletas en Cuba es casi nula: la empresa Minerva, que surgió para fabricarlas, ahora ha «evolucionado» y se concentra en el ensamblaje de motos y triciclos eléctricos, muy socorridas en estos tiempos de escasez de combustible.
Cuba atraviesa hace varios años una crisis energética que se agudizó luego de la operación militar de EEUU en Venezuela, a principios de enero, en la que fue secuestrado el presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Luego del operativo, el mandatario de EEUU, Donald Trump, aseguró que Cuba no recibirá más crudo ni recursos de Caracas
A su vez, el pasado 29 de enero, Trump anunció la imposición de aranceles adicionales a los países que suministren petróleo a la nación caribeña.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, considera que con esas medidas de cero energético Washington busca «asfixiar» la economía de la isla, que no recibe crudo desde hace tres meses, según informó la semana pasada.
Ante la falta de transporte, y en medio de continuos y prolongados apagones, muchos cubanos han recurrido a las bicicletas y a las motos eléctricas para desplazarse y mantener actividades vitales de subsistencia, como trabajar y buscar el alimento que llevan a la mesa.
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