«El queso y la carne de vaca están perdidos». Ese es el comentario de todos los que acuden al mercado “por la izquierda” para adquirir esos alimentos, y de ello da cuenta hasta Modesto, quien desde tiempos inmemoriales se dedica en el barrio a vender carne de res sin haber sido capturado una sola vez por la policía, aunque eso sea delito. «El queso y la carne de vaca están perdidos». Ese es el comentario de todos los que acuden al mercado “por la izquierda” para adquirir esos alimentos, y de ello da cuenta hasta Modesto, quien desde tiempos inmemoriales se dedica en el barrio a vender carne de res sin haber sido capturado una sola vez por la policía, aunque eso sea delito.
Según su versión de esa situación, “la sequía está acabando con las vacas, que están demasiado flacas para ser sacrificadas y como casi no tienen comida en los potreros, pues también dan menos leche, que se prioriza para ofertarla fresca o en yogurt”.
Esto parece ser cierto, pues quienes viajan a La Habana desde las vecinas provincias de Mayabeque y Artemisa a vender sus producciones “excedentes”, desde hace meses raramente llevan queso a sus clientes y aseguran que ello se debe a que “la producción de leche está en baja hasta que comiencen las lluvias”.
Ramiro, quien es de los que viaja casi todos los días a la ciudad para abastecer a su clientela fija, asegura que “un litro de leche cuesta 25 pesos; uno de yogurt, 20 y una libra de queso, 30, pero para fabricar esa cantidad necesito mucha más leche, y la cuenta no da”.
Lo que a muchos llama la atención es que la sequía parece haberse extendido también a los «shoping», donde encontrar quesos es casi una misión imposible a pesar de los altísimos precios que usualmente tiene ese producto en esas tiendas, donde también la carne de vacuno, si no se ha perdido, aparece ostensiblemente en menor cantidad y variedad.
Y como ocurre con otros renglones que la producción nacional no cubre suficientemente, las autoridades intentan paliar la situación, en el caso de los quesos, por ejemplo, con productos importados que resultan todavía más caros de lo habitual. Modesto, mientras tanto, pasa su mala racha viviendo de sus “ahorritos”, vendiendo leche en polvo también por la izquierda, y a la espera de que las lluvias hagan crecer los pastos y las vacas vuelvan a engordar.
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