«¡Vamos, compra tu piñita aquí, que estas sí están maduradas sin trucos!» Afirma el vendedor a grito limpio, y la frase despierta la curiosidad por conocer cuál es el «truco». «¡Vamos, compra tu piñita aquí, que estas sí están maduradas sin trucos!» Afirma el vendedor a grito limpio, y la frase despierta la curiosidad por conocer cuál es el «truco».
Y efectivamente lo hay. En los puestos de venta de La Habana abundan los plátanos fruta, todos bien amarillos, listos para satisfacer al paladar; las piñas olorosas y las papayas, casi todas del tipo mamey, por su pulpa rojiza.
Da gusto verlos, pero al probarlos, los platanitos parecen de espuma; las piñas, bagazo, y las papayas (en Cuba se conocen como fruta bomba, pues la palabra papaya roza la pornografía) son sencillamente «sosas», término con el que se define sencillamente lo que no sabe a nada.
Y eso se debe a que muchos productores, con el afán de ganar más y más dinero, no esperan que las cosechas estén a punto, y las recogen antes de tiempo y las maduran «a la cañona», a base de productos químicos.
Las autoridades han alertado sobre el abuso de tales prácticas para la salud, y algunos han acatado la advertencia, pero otros, al parecer, se hacen de la vista gorda y sigue en lo mismo.
La consecuencia se ve en el mercado. Algunos clientes antes de comprar las frutas le preguntan directamente a los vendedores si se maduraron «en la mata o por el camino», pero de seguro le responderán que «esto es lo mejor que hay en el mercado», así que no queda de otra que tirar a cara a cruz.
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