Las amas de casa andan de fiesta por estos días, al menos en La Habana, porque este mes ha venido por la libreta de racionamiento un excelente arroz desde Ecuador, blanco, de grano largo (el que prefieren los cubanos), que cocina blanco y desgranado. Las amas de casa andan de fiesta por estos días, al menos en La Habana, porque este mes ha venido por la libreta de racionamiento un excelente arroz desde Ecuador, blanco, de grano largo (el que prefieren los cubanos), que cocina blanco y desgranado.
Teresita es experta en eso de los tipos de arroces. Todos los días primero de cada mes, a incluso antes, le pegunta al bodeguero “qué arroz fue el que vino” para saber qué le deparan los próximos 30 días. Los cubanos tienen experiencia en este tema. Hace unos años, cuando el gobierno de EEUU permitió la venta de algunos alimentos a la isla, que el gobierno cubano debía adquirir en moneda contante y sonante, nada de créditos o intercambio comercial, durante un buen tiempo se vendió en los mercados, por la libreta y también de manera liberada, un arroz “americano” de excelente calidad.
Pero como dice Teresita “entre col y col, lechuga”, y también los isleños han tenido que consumir el de procedencia vietnamita, que cocina bien pero es “picoteado y un poco sucio”, así que las cocineras deben tomarse el trabajo de escogerlo. Pero a caballo regalado no se le mira el colmillo, porque durante los peores tiempos de crisis de los años 90 a los cubanos no les faltó el arroz, pues ese, el vietnamita, muchas veces llegó gracias a donaciones del gobierno de ese país.
Más recientemente la gente persigue el arroz brasileño, que al igual que el americano “es muy blanco, limpio, de grandes granos y que casi no hace raspa en las cazuelas” según lo describe Teresita. “Pero el que sí está de madre fue el criollo que vino el mes pasado” le recuerda su vecina Ana Helia, otra experta en eso de andar catando los granos del cereal. “Yo no tenía manera de cocinarlo bien, si le echaba poca agua, quedaba duro, y si le echaba solo un poquito más era un mazacote, en bolas”.
Las autoridades anunciaron por la prensa la venta de ese arroz de producción nacional, pero no explicaron los motivos por los cuales tenía tan mala calidad. Unos dicen que no lo secaron bien, otros que lo cosecharon antes de tiempo. Y nunca la calidad de la cosecha nacional había sido tan mala, a decir verdad.
No obstante, Ana Helia buscó la manera de comprar por la libre el brasileño y el vietnamita y de un mes para otro se le quedó el arroz criollo en la despensa. Ahora anda buscando qué hacer con él, o regalarlo a alguien que crie gallinas o pajaritos.
A los cubanos, como a los chinos, les puede faltar cualquier cosa en la mesa, menos el arroz, que lo comen blanco o con huevos fritos, en todas las mezclas posibles con frijoles, en congrí, “moros y cristianos”, amarillo, salteado o frito, o con “cualquier salsita” y también en los postres, como arroz con leche, y esto es tan cierto que aun en los peores momentos del Período Especial el grano no faltó nunca en la cuota que correspondía a cada uno de los 11 millones de cubanos. Y solo por esa vía, en el país se consumen cada mes, por lo bajito, unas 40.000 toneladas del grano, sin contar el que se vende de manera liberada o el destinado a los comedores escolares, de centros de trabajo y hospitales, donde también se mantiene de manera permanente en la dieta.
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