Casi todo el mundo piensa que en Cuba los jóvenes dejaron de leer. Están tan entretenidos bailando reguetón y tan enviciados con los novelones mexicanos, los seriales americanos y las películas que compran a los vendedores de discos piratas, que ver a un muchachón con un libro en la mano se debe seguramente a que tiene exámenes de matemática o historia. Casi todo el mundo piensa que en Cuba los jóvenes dejaron de leer. Están tan entretenidos bailando reguetón y tan enviciados con los novelones mexicanos, los seriales americanos y las películas que compran a los vendedores de discos piratas, que ver a un muchachón con un libro en la mano se debe seguramente a que tiene exámenes de matemática o historia.
Pero leer por amor a la literatura, parece historia antigua, mucho más porque si en los años 80 los libros costaban centavos, ahora hay que pensarlo más de dos veces para comprar uno, por muy pocas páginas que tenga.
Pero resulta que en las pasadas vacaciones, cuando se hizo una campaña para promover la lectura a nivel nacional y en especial entre los niños y jóvenes, era posible ver a muchos revoloteando por las librerías.
Y, ¡vaya sorpresa! El libro más vendido fue un ladrillo -así le dicen a los bien gruesos- escrito por la periodista e investigadora Aloyma Ravelo, que no es otra cosa que una seria investigación científica sobre algunos de los temas que ponen en jaque a los muchachos en la difícil etapa de la adolescencia.
Sin dudas el librito tiene «gancho», porque se trata de «Sexo, amor y erotismo. Palabras que provocan» y según palabras de la propia autora, «quiebra el mito de que los jóvenes no comparan libros gruesos».
Y, por supuesto, nada tiene que ver con la moda editorial que encumbra E. L. James, George R. R. Martin, Stephen King, Danielle Steel, o James Patterson.
Como dijo un crítico y la gente lo captó, Sexo, amor y erotismo no es el oráculo de Delfos, pues no ofrece respuestas definitivas, pero reflexiona a las claras sobre temas velados habitualmente por el machismo, la incomunicación familiar o las limitaciones de los programas educacionales, tales como el «arte» de enamorar, los celos, la infidelidad, los secretos del coito, la violencia de género, los trastornos psicológicos del embarazo, la «confusión» de los sentimientos y hasta las relaciones a larga distancia mediante las nuevas tecnologías.
Y como a esa edad los muchachos son como esponjas, los hay que lo tienen como material de consulta, junto a la cabecera de la cama.
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