Hacía años que la gente venía hablando del asunto y pidiendo a gritos un cambio radical en los servicios gastronómicos que brinda el Estado, y parece que al fin el clamor llegó a oídos receptivos. Hacía años que la gente venía hablando del asunto y pidiendo a gritos un cambio radical en los servicios gastronómicos que brinda el Estado, y parece que al fin el clamor llegó a oídos receptivos.
El 1 de diciembre comenzará a regir un nuevo sistema de gestión económica con arrendamiento de locales para el trabajo por cuenta propia en los servicios gastronómicos y con el cual se pretende elevar la calidad de una gastronomía que parecía destinada a perecer bajo el peso de la desidia y las moscas.
Es cierto que esta transformación va a comenzar muy lentamente -solo en tres provincias, Artemisa, Villa Clara y Ciego de Ávila y en un número relativamente pequeño de establecimientos que cuentan a lo sumo con cinco empleados- para ir «midiendo los resultados y corrigiendo el tiro» según dicen las autoridades.
«Algo es algo» afirman los más optimistas.
«Ahora sí van a tener que ‘pinchar’ los empleados de la gastronomía, pues van a tener que competir con las paladares y los demás negocios particulares, a ver a cómo tocamos» -afirma Emilio, un jubilado de los tiempos en que ser gastronómico era casi un arte y muchos se vanagloriaban del servicio que brindaban en los restaurantes más famosos de La Habana y renegaban de los «tiraplatos», como denominaban a los que no amaban el oficio.»Yo creo que lo mejor de esto es que van a tener que doblar el lomo y ganarse su salario de verdad, porque hasta hoy le rebaban al Estado por un lado y al cliente por el otro, y por eso tú ves que cualquier dependiente anda con diez cadenas de oro, un celular de los caros y hasta un carro» -concluye María, quien a pesar de su título universitario en Pedagogía, está muy lejos de ese estándar de vida.
En la nueva forma de gestión, el Estado mantiene la propiedad de los inmuebles, los equipos y otros medios, que pasan a ser arrendados, mientras que los gastos en mantenimiento y reparaciones, así como el pago por los servicios de electricidad, agua y telefonía, serán asumidos por los trabajadores según la tarifa residencial. Según las recientes disposiciones, el contrato de arrendamiento podrá ser firmado por un término de hasta diez años, prorrogable por acuerdo entre las partes y sin posibilidad de subarrendar a terceros.
Solo falta ver si los precios se disparan, al igual que ha ocurrido en otros casos, como en las peluquerías y barberías, pero ese será otro tema, para más adelante.
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