Eusebio Leal, el Historiador de la ciudad, sigue resucitando muertos en La Habana Vieja, y ahora le tocó el turno al Sloppy Joe’s, un bar de película enclavado en una esquina cerca del Parque Central, donde en sus buenos tiempos iban artistas de Hollywood como Errol Flynn, John Wayne, Spencer Tracy, Clarck Gable y hasta Cantinflas; mafiosos amigos de Al Capone y políticos criollos, a emborracharse y armar de vez en cuando alguna bronca. Algo así como La taberna del buda, pero tropical. Eusebio Leal, el Historiador de la ciudad, sigue resucitando muertos en La Habana Vieja, y ahora le tocó el turno al Sloppy Joe’s, un bar de película enclavado en una esquina cerca del Parque Central, donde en sus buenos tiempos iban artistas de Hollywood como Errol Flynn, John Wayne, Spencer Tracy, Clarck Gable y hasta Cantinflas; mafiosos amigos de Al Capone y políticos criollos, a emborracharse y armar de vez en cuando alguna bronca. Algo así como La taberna del buda, pero tropical. El Sloppy Joe’s fue fundado en 1917 por José García, un español emigrante, pero el lugar verdaderamente levantó cabeza años después, cuando fue implantada la ley seca en Estados Unidos, y bebedores empedernidos o traficantes de alcohol atravesaban el estrecho de la Florida para conseguir allí lo que no podían en Miami.
Luego siguió con su fama hasta que en los años 60 lo «nacionalizaron», comenzó su decadencia y terminó cerrando sus puertas. Pero milagrosamente, el local permaneció clausurado, sin ser utilizado en otra cosa, y quizá por eso se salvaron algunos muebles y la larguísima barra de caoba negra que siempre lo caracterizó. Por eso, más que una nueva imagen, parece haber recobrado el esplendor de antes, con sus maderas y cristales brillantes y una colección alcohólica digna de admirar. Jóvenes vestidos de negro y naranja sirven los tragos, sándwiches y tapas a turistas extranjeros, cubanos con plata y hasta antiguos clientes que no perdieron la esperanza de que volviera algún día a abrir sus puertas. «La finalidad de restaurar este lugar -dijo Eusebio al respecto- no es comercial, no es aprovechar un nombre, la oportunidad lo que brinda es la de recuperar una memoria importante para La Habana».
Pero Carmenchu, una trigueña que lleva ya años bien afincada de novia de un empresario italiano, afirma algo diferente: «Está espectacular, pero los precios también, parece que por la fama que tiene de antes, pues si no me equivoco, debo haberme tomado allí el Martini más caro de toda La Habana». Sin embargo, José Luis Rodríguez, un octogenario antiguo dueño de un bar cercano al Sloppy Joe’s que también fue nacionalizado en los 60, está contento, aunque mira desde afuera porque para él los precios son prohibitivos: «Quedó igualito, los azulejos son del mismo color de antes, todo es igual, aunque modificaron la entrada y lo climatizaron, pero mantienen los mismos tragos y los bocaditos, que era lo más famoso del lugar».
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