En Cuba contamos todos, fue el lema del censo nacional de población y viviendas recién realizado en la isla, casa por casa, por un ejército de jóvenes estudiantes de universidades e institutos politécnicos, con el objetivo de disponer de la información lo más amplia y actualizada posible sobre la población actual del país y el parque de viviendas, incluyendo hasta los más mínimos detalles sobre sus características constructivas y estado de conservación. En Cuba contamos todos, fue el lema del censo nacional de población y viviendas recién realizado en la isla, casa por casa, por un ejército de jóvenes estudiantes de universidades e institutos politécnicos, con el objetivo de disponer de la información lo más amplia y actualizada posible sobre la población actual del país y el parque de viviendas, incluyendo hasta los más mínimos detalles sobre sus características constructivas y estado de conservación.
Como en todo, hay tela por donde cortar, aunque en Radio bemba los comentarios no fueron muchos y, más bien, lo que prevaleció fue la natural disposición de los cubanos a ser cooperativos. Pero hubo de todo, «como en botica».
Para Yanelis, una joven universitaria estudiante de Historia del Arte, el censo quedará como la gran aventura de su vida, pues le tocó realizarlo en plenas montañas de la sierra del Escambray, y nunca se imaginó que tendría que andar todos estos días montada sobre un caballo, subiendo y bajando lomas, atravesando ríos y arroyos, cabalgando por medio del monte para llegar a casas que, según los pobladores, se encontraban «al cantío de un gallo», lo que en buen cubano significa a kilómetros de distancia.
Para Enrique, un alumno de politécnico, el trabajo censal parecía cosa sencilla y sin complicaciones, hasta que se topó, en pleno barrio de Centro Habana, una vivienda en la que habitan 22 personas, entre abuelos, padres, hijos, nietos, hermanos, sobrinos, todo un árbol genealógico, incluyendo a dos primas que vinieron de la provincia de Las Tunas y que andan metiendo cabeza para quedase a vivir en La Habana.
Con tantas familias juntas la casa estaba dividida hasta en los mínimos espacios y cada «núcleo» con su correspondiente batería de equipos electrodomésticos.
Conclusiones: Enrique invirtió más de cuatro horas llenando planillas y más planillas en la casa de los muchos, quienes por suerte lo convidaron a tomar un cafecito y hasta le ofrecieron merienda.
Al parecer, a quienes únicamente el censo no les sentó muy bien fue a los gays y lesbianas, pues reclamaron que se recogiera entre los datos estadísticos a las parejas formadas por personas del mismo sexo, pero las autoridades del censo no les hicieron el menor caso. Algunos consideraron esa falta como un «rezago» de la discriminación, en momentos en que la comunicad LGTB se abre cada vez más espacios en la isla.
Pero lo interesante vendrá en octubre, cuando -según dicen los organizadores del estudio- comenzarán a hacerse públicos algunos de los resultados de la pesquisa, y quizá haya hasta sorpresas.
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