“Una Los esfuerzos por descontaminar la bahía de La Habana y convertirla nuevamente en el lugar amado por todos los habitantes de la ciudad desde los lejanos años en que la villa se fundó al pie de una enorme y frondosa ceiba, siguen a toda marcha. “Una Los esfuerzos por descontaminar la bahía de La Habana y convertirla nuevamente en el lugar amado por todos los habitantes de la ciudad desde los lejanos años en que la villa se fundó al pie de una enorme y frondosa ceiba, siguen a toda marcha.
Ya su imagen es bien distinta de la que ofrecía hace menos de una década. Se ha ido esfumando el desagradable olor a alquitrán y putrefacción, en sus orillas se aprecian cada vez menos manchas de petróleo, las aguas, turbias aún, van ganando en transparencia, los peces han retornado y junto con ellos las bandadas de gaviotas y pelícanos.
Cada vez son menos los barcos que entran al puerto, pues a estas alturas casi toda la actividad comercial ha sido desplazada hacia el megapuerto de Mariel, a decenas de kilómetros al oeste de la urbe, y la mayoría de los almacenes y muelles que antes obstaculizaban la vista de la rada, han sido derruidos y en su lugar construido un paseo marítimo que se extiende cada vez más y rescatados algunos viejos almacenes que ahora son centros recreativos.
El gesto más reciente en esa dirección fue la declaración de la bahía y lo que los especialistas denominan “áreas de amortiguamiento” como zonas de protección en Cuba, por la Comisión Nacional de Monumentos (CNM), con el fin de preservar todos los valores patrimoniales del lugar.
La decisión fue hecha pública por Gladys Collazo, directora del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural y presidenta de la CNM, y con ella se resuelve que toda intervención u obra en tierra o mar, vinculada a este lugar la capital cubana, debe poseer primero una autorización de las entidades implicadas.
Con ello se amplía todo lo relativo a la protección del entorno completo de la bahía, donde además de La Habana, a lo largo de siglos se formaron otros asentamientos urbanos como Guanabacoa, Regla y Casa Blanca, localidades con su propia historia y relaciones muy singulares y estrechas con la rada.
Esta determinación oficial persigue además conservar el patrimonio de instalaciones industriales y de otra naturaleza que durante siglos proliferaron alrededor de este punto, como los Astilleros de La Habana, la Real Factoría de Tabaco y los Almacenes del Quinto en Regla, entre otros.
Al respecto los especialistas advierten que a lo largo de los años esa locación ha ido cambiando, e incluso reduciendo en muchos casos su área marítima y dejando bajo tierra numerosos elementos de valor patrimonial, que podrían aparecer en cualquier obra o excavación realizada en el perímetro.
Recuerdan además que en sus fondos se han ido acumulando pecios con un inestimable valor para el patrimonio de la nación cubana y que pudieran ser destruidos y dañados, e incluso desechados en las acciones de dragado.
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