Las leeennntas reformas que se ponen en marcha en Cuba promueven cambios que para quien no está al tanto de la vida en la isla son imperceptibles. Las leeennntas reformas que se ponen en marcha en Cuba promueven cambios que para quien no está al tanto de la vida en la isla son imperceptibles. Hace un tiempo atrás ya formaba parte del paisaje ver a un montón de muchachones, con espaldas buenísimas «para tumbar caña», como decía mi abuela, sentados en los contenes viendo la vida pasar o jugando a la pelota o al fútbol en las esquinas. Por lo menos los de mi cuadra desaparecieron, es decir, no se fueron en balsa para Miami, sino que, a falta de un trabajo por el Estado que «los estimulara», han comenzado a cogerle el juego al «cuentapropismo» y en esa andan.
Mikel no disparaba un chícharo y mami y papi lo mantenían porque él, que siempre fue «un barco», no pudo alcanzar en el escalafón ni la peor de las carreras. Pero como al papá la gracia no le gustaba mucho, lo puso a buscarse aunque fuera el más simple de los oficios. Pasó en un dos por tres un curso de barbería y ahora anda dando tijera a derecha e izquierda, ayuda a la familia económicamente y, con su 25 años, se sabe todas las tendencias de los gustos juveniles, por lo que se ha ganado una buena fama entre la muchachería, a la que cobra cuando menos 20.00 por un pelado, y si es una «creación», de 30.00 no baja.
Y como él, cada uno ha ido cogiendo su trillo. Bryan vende discos, piratas pero con licencia; Carlos Manuel maneja un almendron alquilado, Octavio gana más, porque maneja el carro de su suegro; Jorge, por su parte, se formó en un «tecnológico» de gastronomía, y le ha sacado el kilo a sus estudios, pues se ha convertido prácticamente en el administrador de una paladar que marcha a todo tren.
El tema tiene tela por donde cortar porque todo en esta vida lleva su pro y su contra. Si bien para muchos lanzarse en un negocio privado ha significado ponerse a hacer algo útil, para otros a la larga representa un retroceso, pues algunos que ya andaban por la universidad han dejado los estudios. «Si total -alegan- para qué quemarse las pestañas cinco años en una ingeniería si después difícilmente vas a pasar de 500.00 al mes». Y cuando se les pregunta si no aspiran a un futuro más consistente, aseguran lapidariamente: «Mejor pájaro en mano que cien volando».
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