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La Bienal y la última telenovela

Varios proyectos colectivos, uno de ellos sobre las nuevas tecnologías, figuran entre los principales atractivos de la próxima Bienal de La Habana, que abrirá sus puertas el 11 de mayo. Varios proyectos colectivos, uno de ellos sobre las nuevas tecnologías, figuran entre los principales atractivos de la próxima Bienal de La Habana, que abrirá sus puertas el 11 de mayo.

Fundada en 1984, La Bienal ha convocado a artistas de todas las latitudes y es una de las más esperadas por el público, por sus diversas y a veces muy controvertidas sugerencias en plazas, parques y calles, además de los espacios tradicionales de museos y galerías.

Muchos tienen en su memoria un año en el que un creador de quien nadie recuerda el nombre llenó de penes de todos los tamaños un respetable local de la Universidad de La Habana; o aquel otro cuando en un extraño «performance» otro artista, en plena muestra, extendió un periódico en medio de la sala, se bajó los pantalones, se agachó y defecó olímpicamente ante el distinguido público y luego se fue tan campante sin que nadie atinara a reaccionar ante una obra artística de tal magnitud.

Por eso la bienal siempre llama la atención y depara sorpresas. Este año el principal tema del encuentro es el diálogo entre las prácticas artísticas y el imaginario social, lo cual da para mucho durante el mes que acogerá a representantes de diversas latitudes.

Otras de las iniciativas colectivas es Detrás del muro, un homenaje al malecón habanero que se emplazará desde el Castillo de la Punta, en las inmediaciones del túnel de la bahía hasta el parque Maceo.

Acorde a la contemporaneidad capitalina, se podrá disfrutar de La casa del éxito, muestra que utiliza a la vivienda como símbolo, sus pinturas y la novedosa manera de preservar esos inmuebles, con diferentes conceptos estéticos.

El artista cubano José Emilio Fuentes estará de vuelta en esta edición pero no con la manada de elefantes confeccionados con lata inflada que mantuvo expectantes a los capitalinos en la cita precedente, sino que expondrá una manzana gigante de acero inoxidable en la intercepción de la calle 23 y el Malecón, en la barriada capitalina del vedado.

En fin, habrá mucho que ver y tela que cortar.

Los amantes cubanos de las telenovelas, que son muchos, están a punto de asaltar el canal Cubavisión y linchar en masa al elenco de la más reciente producción nacional, «Con palabras propias», que ya anda dando tumbos por su capítulo número 20 sin que nadie sepa a donde irá a parar el dislate.

Los creadores se han empeñado en asegurar que no se trata de una telenovela como tal, sino de una «serie juvenil», pero con eso no logran arreglar un entuerto en el que no se sabe «quien está puesto para quien», y si las parejitas se arreglan o se desarreglan, tal como ocurre de capítulo en capítulo con jóvenes que hablan en cualquier idioma menos en «cubano», se mueven leeeeeentamente, como si flotaran, y «disfrutan» de sus vacaciones de verano recogiendo maíz en la finca de un tío, el cual cargó para el campo no solo con su sobrinito sino con dos amiguitos más y a los que se ha ido sumando más y más gente, por lo cual a estas alturas de la historia lo que más preocupa a los telespectadores no es lo que sucede en la trama, en la que para ser sinceros no ha pasado nada que valga la pena, sino cómo se las arreglan los dueños para tener camas para tanta gente.

Chucha, una fan irremediable de los culebrones aunque estos sean de los peores, asegura que en vez de «Con palabras propias» debería titularse «Sin palabras para contarlo».

Y la medida de la pifia la ofrece un detalle. Cuando los culebrones son de cierta calidad, los espectadores se enganchan a ellos; cuando no les agradan cambian de canal o recurren en masa al video; pero en este caso sucede lo peor que le pueda pasar a un programa de televisión en Cuba: la gente no deja de verlo, pero con el único de objetivo de «cortarle leva» a personajes y situaciones, «buscar» en cada escena los anacronismos y falsedades, y soltar la carcajada ante tal disparate visual.

Por suerte, aseguran muchos, el paquetón no es una de esas grandes producciones de ciento y pico de capítulos, sino que apenas sobrepasa los 40, aunque como es costumbre en la parrilla cubana, habrá que disparárselo hasta el final sin la esperanza de que lo saquen del aire sin compasión, como ocurre en otras latitudes.

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