Aunque la Aduana de Cuba hace resoluciones y directivas para controlar la entrada de mercadería comercial “clandestina” por los aeropuertos de la isla, las “mulas” siguen llegando, aunque en honor a la verdad no sean tantas como hace unos dos años atrás. Aunque la Aduana de Cuba hace resoluciones y directivas para controlar la entrada de mercadería comercial “clandestina” por los aeropuertos de la isla, las “mulas” siguen llegando, aunque en honor a la verdad no sean tantas como hace unos dos años atrás.
Pero ahí están, y en Radio Bemba son frecuentes los comentarios de los productos que vende la más insospechada vecina de la cuadra, traídos de Panamá, Ecuador, Miami o México, de Dominicana y Haití, o hasta de la lejana Rusia. Donde haya mercadería barata y buena, ahí está el negocio.
De ello se benefician incluso los inmigrantes de pocos recursos, que como “mulas” pueden visitar a sus familias en la isla varias veces al año con pasajes gratis, mientras que los “negociantes” perfeccionan su gestión, como algunos que trabajan “por encargo” o hasta venden sus productos por catálogo, siempre a domicilio.
En Radio Bemba algunos afirman que “lo de las mulas no hay quien lo pare”, mientras para otros la solución será definitiva “cuando en las tiendas vendan productos atractivos, de calidad, con variedad y a buenos precios”.
Entonces –dicen- la Aduana podrá trabajar mejor y dedicarse a “cosas más necesarias e importantes que decomisar chancletas y pinturas de uñas”.
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Las mulas siguen llegando a La Habana
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