Las manzanas se venden a 250 CUP cada una en el mercado cubano.
La presencia continuada de manzanas importadas en los mercados cubanos se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de las distorsiones económicas que afectan al consumo básico en la isla. Mientras frutas tradicionales de producción nacional han desaparecido de forma progresiva, productos importados como manzanas, naranjas o mandarinas se mantienen disponibles durante todo el año, aunque a precios inasumibles para gran parte de la población.
El fenómeno no solo tiene impacto económico, sino también social, al trasladarse al día a día de los hogares y generar tensiones asociadas al acceso desigual a los alimentos.
En La Habana, la venta de manzanas es habitual tanto en mipymes como en puestos de venta ambulante. El precio medio se sitúa en torno a los 250 euros por unidad tras la conversión desde el peso cubano, según comprobaciones realizadas en distintos puntos de la capital.
El precio unitario de la manzana equivale a una parte significativa de los ingresos mensuales de los pensionistas cubanos
La comparación con los ingresos resulta directa. Una pensión media mensual, situada en torno a los 1.500 euros tras la conversión, permite adquirir únicamente seis manzanas en el mercado informal, lo que convierte a esta fruta en un producto de consumo excepcional para amplios sectores de la población.
Relación entre precios e ingresos:
| Concepto | Importe en euros |
|---|---|
| Precio de una manzana | 250 |
| Pensión mensual media | 1.500 |
| Manzanas por pensión mensual | 6 |
La manzana es un alimento recomendado de forma habitual para personas con diabetes por su aporte nutricional y su efecto moderador sobre la glucosa. Sin embargo, el acceso a este tipo de productos se ve limitado no solo por el precio, sino también por la falta de recursos sanitarios básicos.
Pacientes con diabetes afrontan dificultades para seguir recomendaciones alimentarias ante la escasez y el encarecimiento de productos básicos
En paralelo, la falta de glucómetros disponibles en el sistema de salud y en el mercado impide a muchos pacientes controlar sus niveles de glucosa, lo que agrava el impacto de la escasez alimentaria sobre colectivos vulnerables.
El encarecimiento del consumo básico tiene también un reflejo directo en la convivencia diaria. En un contexto marcado por apagones frecuentes y limitaciones materiales, situaciones domésticas ordinarias pueden derivar en conflictos.
Sumario: Las dificultades económicas trasladan la tensión al ámbito doméstico, donde incluso situaciones cotidianas generan fricciones.
Un episodio reciente ocurrido durante un apagón ilustra esta realidad: la elaboración y reparto de un dulce casero hecho con manzanas dio lugar a una discusión familiar sobre su nivel de azúcar. Más allá del hecho concreto, el intercambio evidenció la dificultad creciente para gestionar opiniones contrarias en un entorno de presión económica y social constante.
La manzana importada ha pasado así de ser un producto común a convertirse en un símbolo del encarecimiento del consumo y de la pérdida de poder adquisitivo en Cuba. Su presencia continuada en los mercados contrasta con la imposibilidad de acceso para buena parte de la población, reflejando una economía marcada por la escasez, la dependencia exterior y la tensión social.
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