Aunque no se trata precisamente de que el pasaje bíblico vaya a hacerse realidad, casi parece como si el arca de Noé fuera a echar anclas en Cuba, pues el gobierno de Namibia anunció que enviará de regalo al país caribeño alrededor de 150 animales salvajes, incluidos leones, elefantes, rinocerontes negros, leopardos, guepardos y antílopes, hasta un total de 23 especies, capturados en un parque natural de ese país africano. Aunque no se trata precisamente de que el pasaje bíblico vaya a hacerse realidad, casi parece como si el arca de Noé fuera a echar anclas en Cuba, pues el gobierno de Namibia anunció que enviará de regalo al país caribeño alrededor de 150 animales salvajes, incluidos leones, elefantes, rinocerontes negros, leopardos, guepardos y antílopes, hasta un total de 23 especies, capturados en un parque natural de ese país africano. Como desde el diluvio universal hasta hoy la tecnología ha avanzado bastante, los animales no tendrán que hacer el largo viaje en barco, sino que desembarcarán por vía aérea, en una operación que requerirá cierta logística para transportar a tan extraños pasajeros, en una operación que las autoridades namibias y cubanas han denominada «Arca de Noé II».Según la ministra de Medio Ambiente y Turismo del país africano, Netumbo Nandi Ndaitwah, «esos animales -que comenzarán a ser enviados en octubre próximo- son un regalo para Cuba», y advirtió que el traslado se hará de acuerdo con la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas. Todos se sumarán a la fauna del Zoológico Nacional, un gran parque en las afueras de La Habana, donde los «bichos» se mueven aparentemente sin barreras que los separen de los visitantes, por zonas acondicionadas para imitar lo más posible su hábitat natural, remedando las praderas o las selvas africanas, según el caso. El zoo fue inaugurado hace unos 30 años y de inmediato se convirtió en uno de los principales atractivos para los habitantes de La Habana. Sin embargo, como todo en el país, fue también víctima de la violenta crisis de los años 90. A falta de atención y cuidado y de transporte para poder llegar a tan apartado rincón, la cifra de visitantes descendió en picado, los bándalos robaron todo lo que era posible llevarse, desde enormes extensiones de la cerca perimetral, para utilizarla en construcciones privadas, hasta numerosos animales que terminaron oliendo apetitosamente en las cazuelas, y la mayoría de los que sobrevivieron fue gracias a que su carne era muy dura, o eran muy fieros. Por suerte para los habitantes del zoo ya las cosas han ido cambiando, y se espera que los nuevos residentes tengan mejor suerte.
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