«¡Ahora sí, éramos pocos y parió la abuela!» Fue la frase de Concha, una vecina que está en todas, cuando leyó por el Granma una escueta nota del Ministerio de Salud Pública que anunciaba como el que no quiere las cosas la presencia de casos de cólera en la ciudad de Manzanillo, al oriente de Cuba. «¡Ahora sí, éramos pocos y parió la abuela!» Fue la frase de Concha, una vecina que está en todas, cuando leyó por el Granma una escueta nota del Ministerio de Salud Pública que anunciaba como el que no quiere las cosas la presencia de casos de cólera en la ciudad de Manzanillo, al oriente de Cuba.
Y como si el asunto no fuera para preocuparse, le soltó en medio de una risotada a Carmen, su vecina: “Nosotras tenemos que andar con cuidado, porque los viejos nos morimos de las tres C: catarro, cadera y cagaleras”.
Ciertamente, el Granma no dio la noticia sino que más bien confirmó lo que desde hacía unos días andaba en la calle, pues en Radio bemba ya se rumoraba de que “hay casos de colera por ahí”, pero sin poder ubicarlos en lugar y cantidad.
Hubo hasta los despistados de siempre, porque como la nota no mencionaba el cólera sino que hablaba del Vibrión Cholerae, Cándido, el bodeguero de la esquina, le preguntó a uno de sus clientes “¿Y ese bicho qué cosa es?”.
“Bastante había demorado” fue la conclusión de Ernesto, un jubilado, pues “con la cantidad de cubanos que han ido a Haití a trabajar en la reconstrucción, más los que de allá vienen a estudiar en Cuba, de milagro no había aparecido antes”.
La nota de Granma decía que hubo tres muertos en Manzanillo y más de cincuenta enfermos, pero después de eso la prensa no ha vuelto a tocar el tema, por lo que la mesa está servida para las bolas, pero aún así estas son discretas.
“¿Es verdad que ya han habido casos de cólera en La Habana?” Le preguntó Elayne alarmada a la doctora de la familia, y esta, como para bañarse sin mojarse la ropa, le dijo que “dicen que en el reparto Monterrey se dio un caso, pero eso es lo único que yo sé hasta ahora”.
Además, el problema se amplifica artificialmente porque en los meses de mayo y junio, cuando las abundantes lluvias revuelven las aguas, tradicionalmente proliferan las enfermedades diarreicas en el país, pero como el cólera es la moda, pues se lo achacan a cualquiera que ande un poco “flojo”, aunque sea por comerse un mango verde. Además, aunque a veces la gente le eche con el rayo a los servicios de salud, la gente viven tranquila porque Cuba no es Haití y las condiciones sanitarias entre un país y otro son incomparables. Y como hombre precavido vale por dos, más allá de las medidas sanitarias aplicadas por el gobierno, muchas familias han comenzado a hervir el agua de beber, lavan con más interés que antes las verduras y se han multiplicado en las farmacias las compras de antibióticos y sales hidratantes, por si acaso.
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