La libreta de abastecimientos, toda una institución que simboliza al mismo tiempo el igualitarismo y los tropiezos económicos de la sociedad cubana, despreciada por muchos y defendida por otros tantos, cumplió este 12 de julio medio siglo de existencia, y aunque para la mayoría de la gente la fecha pasó sin pena ni gloria y las autoridades no le dedicaron ni un simple discursito, quien se encargó de recordar la fecha fue el popular programa televisivo «Vivir del cuento», considerado hoy por hoy el mejor espacio humorístico de la isla, que hizo trizas desde esa óptica lo que para generaciones y generaciones de cubanos y cubanos ha sido siempre algo muy serio. La libreta de abastecimientos, toda una institución que simboliza al mismo tiempo el igualitarismo y los tropiezos económicos de la sociedad cubana, despreciada por muchos y defendida por otros tantos, cumplió este 12 de julio medio siglo de existencia, y aunque para la mayoría de la gente la fecha pasó sin pena ni gloria y las autoridades no le dedicaron ni un simple discursito, quien se encargó de recordar la fecha fue el popular programa televisivo «Vivir del cuento», considerado hoy por hoy el mejor espacio humorístico de la isla, que hizo trizas desde esa óptica lo que para generaciones y generaciones de cubanos y cubanos ha sido siempre algo muy serio.
Porque esa cartilla de racionamiento fue impuesta para enfrentar la fuerte escasez de alimentos tras la imposición del embargo por Estados Unidos y, mal o bien, ha garantizado a los cubanos una cantidad fija mensual de arroz, frijoles, café, huevos, azúcar, aceite, pollo y hasta cigarrillos, así como dietas especiales para los enfermos y embarazadas, y leche para los niños.
Aunque las cantidades de alimentos que aporta no alcanzan para la satisfacción de cada persona durante todo el mes, la libreta alivia, sin embargo, considerablemente los gastos familiares por su alto nivel de subsidio, pues se calcula que tal método de distribución cuesta al Estado unos 25.000 millones de pesos al año (720.00 millones de euros más o menos), pero de esa cifra la población solo paga el 12,3 %.
Las autoridades aseguran que en su propósito de eliminar la libreta de racionamiento nadie quedará desamparado, bajo el principio de que el Estado buscará subsidiar a las personas y no los productos, como hasta ahora, cuando se benefician de ella por igual tanto un jubilado como un empresario.
Con diálogos cáusticos, que hicieron desternillarse a media Cuba y de seguro habrán hecho fruncir el ceño a algunos, el viejo Pánfilo, el protagonista central del programa, recordó que «mientras alguna gente engorda a los 50 años, la libreta se mantiene delgadita, y lo que ha hecho es bajar de peso», en alusión a que cada vez son menos los productos que se venden por esa vía.
El elenco de Vivir del cuento llevó a los telespectadores al paroxismo cuando, entre los vecinos del barrio, organizaron un seminario para proponer iniciativas que contribuyeran a mejorar y modernizar la libreta.
Así, una de las vecinas de Pánfilo propuso que se le incluyeran páginas de colores, como a las guías de teléfonos, de tal manera que las de color verde correspondan a los vegetales, las amarillas a los huevos, y así sucesivamente, pero cuando llegaron al color de la carne de res, la propuesta fue en blanco y negro, en alusión directa a la ausencia casi total del abastecimiento de ese renglón.
Alguien propuso aumentar su tamaño para que los viejitos cortos de vista puedan leer sus pequeñísimas letras, lo que fue desechado por constituir un gasto extra de materia prima.
Pero la iniciativa estrella fue la del jubilado Pánfilo, quien propuso una libreta digital, con programa de computación incluido y capaz de contener un «archivo» con los productos que se distribuían en los tiempos de su aparición, como mantequilla, grasa animal, cerveza, mayonesa y otros que hace mucho tiempo dejaron de formar parte de la canasta básica, y que, de paso, sirvió para dar un fuerte tarrayazo a las limitaciones que existen en el país en lo referido a la conectividad a internet.
El guión, no solo con humor sino con inteligencia, mostró además todas las tendencias que existen en el debate nacional sobre el tema, desde los puntos de vista de los menos favorecidos, quienes quieren que se mantenga, hasta los nuevos ricos, para los cuales la desaparición no implica sacrificio alguno.
«¡Apretaron!» fue la exclamación de muchos espectadores entre carcajadas, asombrados, y más que satisfechos, por la atrevida propuesta del programa, que fue la comidilla del momento al día siguiente, hasta el punto que el propio Carlos Silva, el joven actor que encarna al viejito Pánfilo, comentó en un centro nocturno donde se presentó días después, que «si el programa no sale la semana que viene, no se asusten».ta de racionamiento cumple cincuenta años
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La libreta de racionamiento cumple cincuenta años
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