Fidel Castro cumplió 90 años en medio de unas celebraciones oficiales repletas de actos y contenidas, pero sobrias si se tiene en cuenta la desmesura que caracteriza la idiosincrasia del cubano. En ellas prevalecieron conciertos, cantatas, lanzamientos de libros centrados en aspectos de su vida, muestras fotográficas con imágenes muchas veces inéditas del “máximo líder” y más de una tarta picada en su honor por jóvenes y pioneritos. Fidel Castro cumplió 90 años en medio de unas celebraciones oficiales repletas de actos y contenidas, pero sobrias si se tiene en cuenta la desmesura que caracteriza la idiosincrasia del cubano. En ellas prevalecieron conciertos, cantatas, lanzamientos de libros centrados en aspectos de su vida, muestras fotográficas con imágenes muchas veces inéditas del “máximo líder” y más de una tarta picada en su honor por jóvenes y pioneritos.
Como todos presentían, el diario oficial Granma publicó un breve escrito del comandante titulado simplemente “Cumpleaños”, en el que se remontó a los recuerdos de su infancia en Birán, a la finca de su padre gallego en el oriente de Cuba, y a los años de escuela y parte de su juventud.
Sin embargo, pasó por alto –quizá por modestia- su descomunal proyección política, agradeció los homenajes; y, sin faltar a su esencia, criticó por enésima vez a Estados Unidos y deseó un mundo con paz y sin armas nucleares.
En Radio Bemba, el que más y el que menos, fieles o no, tenía presente la fecha desde hace tiempo, porque la televisión se encargó de recordarlo con una programación especial que llegó al borde de la saturación. Y aunque para muchos el “Comandante se merece todos los homenajes”, no faltaron quienes advirtieron que “bueno, es bueno, pero no demasiado”.
A un hombre como él nunca le han faltado enemigos, no se manifestó en unas calles que aparecieron contenidas, quizá deseando para sus adentros que mejor ni hubiera nacido. Por el contrario, los incontables mensajes de personalidades internacionales y de ciudadanos comunes, y las muchas casas de La Habana que sin “orientaciones de arriba” amanecieron con banderas en ventanas y balcones, indican que a diferencia de aquel coronel olvidado de Gabriel García Márquez, este Comandante todavía tiene quien le escriba.
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El Comandante sí tiene quién le escriba
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