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Crónicas habaneras

Hallar un baño público en La Habana cuesta trabajo, sobre todo a la hora en que estamos más urgidos. HACER PIS CUESTA CARO

Hallar un baño público en La Habana cuesta trabajo, sobre todo a la hora en que estamos más urgidos.

Hubo un tiempo en que eran totalmente gratis y no se sabe quién atendía la limpieza, por lo que eran olímpicas la pestilencia y los montones de papeles sucios y otros desperdicios.

Luego aparecieron los “encargados”, y se podía acceder al necesario local con un precio mínimo de veinte centavos. Los más emprendedores, además de mantenerlos relativamente limpios, colocaban una mesita en la que se podía obtener papel sanitario, jabón y hasta desodorante y alguna colonia barata, y discretamente, en un platico, ponían unas cuantas monedas de diferente denominación para que el cliente se animara a contribuir con la causa.

Pero resulta que de buenas a primeras, también en estos servicios la inflación parece estar haciendo de las suyas y ¡vaya sorpresa!, un amigo que andaba en apuros, iba a entrar corriendo en el baño que está justo en el parque de El Quijote, y cuando fue a soltar su pesetica (moneda de 20 centavos) se topó con un cartel lo suficientemente grande como para verlo desde la acera del frente, que decía, con falta de ortografía incluida: “Este vaño cuesta un peso”.

A FABRICAR SE HA DICHO

La burocracia en Cuba era tanta -y todavía lo es- que en los barrios proliferaron las oficinas lo mismo en locales de tiendas que dejaron de serlo como en casas que quedaron abandonadas cuando quienes las habitaban emigraron.

Allí se multiplicaron los burós y los bostezos de empleados que no tenían nada que hacer o se las arreglaban para complicarle a usted la vida cuando iba a hacer alguna gestión.

Sin embargo, como un síntoma de que los enormes organismos estatales se están desinflando, muchos de esos locales se están quedando vacíos y, aunque con ello no se resuelve el problema habitacional, están siendo entregados a personas, de esas mismas instituciones, o de otras, para que los remodelen y los conviertan en sus casas.

Así, Radio bemba ha visto como en su barrio, en cuestión de semanas, desaparecieron una tienda de artículos “por la libre”, una oficina recaudadora del dinero de las tiendas estatales de los alrededores, un “punto de leche” (es decir, una lechería con unos pocos clientes que se unió a otra con mejores condiciones), y hasta una escuelita para dependientes del Ministerio de Comercio Interior.

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