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Crónicas habaneras

La gente le ha cogido rápidamente el gusto a eso de la compra y venta de casas desde que el Gobierno se decidió a poner fin a la prohibición de que el dueño de una vivienda pudiera hacer con su propiedad lo que le viniera en ganas. ADIÓS A LAS PERMUTAS

La gente le ha cogido rápidamente el gusto a eso de la compra y venta de casas desde que el Gobierno se decidió a poner fin a la prohibición de que el dueño de una vivienda pudiera hacer con su propiedad lo que le viniera en ganas. Tanto es así que el «corredor de permutas», ese oficio que parece ser un invento exclusivo del cubano, tiende a desaparecer porque el negocio ya no les da. Aunque se dice que todo tiempo futuro tiene que ser mejor, a veces la gente añora hasta los problemas y aquellas cosas que «daban color» y cierto toque de folclor al hecho de vivir en Cuba.

Y uno de esos detalles era el permutero, el tipo que a cambio de una parte del dinero que se movía «por la izquierda» recorría La Habana entera, movía sus contactos en todos los barrios e iba confeccionando su lista de interesados, ofreciendo, regateando por su cuenta, tratando de poner de acuerdo a sus clientes y hasta armando una «cadena» de permutas, formada por cuantos interesados pudiera haber, con el fin de acomodar a cada quien en uno de los pisos en oferta.

Ya eso está pasando a la historia pues la gente se ha metido de lleno en el compra y vende y aunque se mantiene aún la palabra permuta, parece que es más por la fuerza de la costumbre, porque va perdiendo su significado. Un ejemplo es Irene, una vieja del barrio que primero quedó viuda y luego sin los hijos y nietos porque cada uno se fue por su lado. Y como la casa ya le quedaba grande, la puso en venta por 45.000 CUC, cifra aceptable para una vivienda en un barrio bueno, con tres dormitorios y garaje y en perfectas condiciones.

Antes, ya Irene había «apalabreado» la compra de un apartamentico de dos cuartos en el mismo barrio, «por solo 15.000», así que hechos los trámites y liquidado el negocio, ahora tiene hasta su cuentecita en el banco que le da para vivir sin preocupaciones durante largo tiempo y «sin ser una carga para nadie» como ella misma dice. No necesitó corredor alguno, solo echar a rodar su oferta en Radio bemba, y esperar…

Y quienes se van del país han inventado hasta las ventas internacionales. Muy sencillo: Si por ejemplo el que compra y el que vende tienen familia en Miami, pues se ponen de acuerdo. Los familiares del comprador le echan una mano a su pariente de la isla y pagan allá en «verdes constantes y sonantes» a los familiares del vendedor, que de esa manera ya tendrá su «guanajita echada» para cuando llegue a la tierra de sus sueños. En tanto la parentela miamense tendrá asegurada una buena casa para cuando viajen a Cuba en las vacaciones.

Negocio redondo.

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