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Crónicas habaneras

“¡Ahora sí! ¡Esto era lo único que nos faltaba!” comentó Ovidio, un jubilado de esos que se lee hasta la última letra de los diarios, cuando se enteró por la prensa de que una manada de monos anda haciendo de las suyas por las afueras de la capital comiéndose cuanto cultivo se encuentran a su paso. A CAZAR MONOS

“¡Ahora sí! ¡Esto era lo único que nos faltaba!” comentó Ovidio, un jubilado de esos que se lee hasta la última letra de los diarios, cuando se enteró por la prensa de que una manada de monos anda haciendo de las suyas por las afueras de la capital comiéndose cuanto cultivo se encuentran a su paso.

La historia comenzó en 1992 cuando una pareja de monos africanos se escaparon del Zoológico Nacional por un descuido de sus cuidadores y al parecer encontraron un hábitat más que adecuado en las zonas rurales y un tanto boscosas del sur oeste de la ciudad.

El caso es que la pareja de monos verdes (Chlorocebus sabaeus) comenzó a reproducirse y ahora quienes los han visto narran que son decenas merodeando en las fincas de los alrededores.

“Han arrasado con el maíz, habichuelas, plátanos, guayabas y mangos”, se lamentó el agricultor Jorge Luis Herrera, uno de los más perjudicados.

Según el reportaje periodístico “no existe constancia en cuanto al número de animales” nacidos a partir de la pareja de monos verdes, pero “las personas que los ven, los vecinos, comentan de que pueden ser hasta 50, aunque nosotros consideramos que la cifra puede estar entre 15, 20, quizá hasta 25”, aseveró el director de Desarrollo del Zoológico, Santos Cubillas.

Lo peor del caso es que según el diario Juventud Rebelde, han fracasado todas las tentativas de atraparlos, debido a “la inteligencia de estos animales”, que pueden medir entre 40 y 60 centímetros, sin contar la cola, y aunque no son agresivos, son bastante perjudiciales, como lamentan los agricultores damnificados.

Ovidio, en tono de jarana, advierte que “de verdad que estos monos deben ser inteligentes, pues se escaparon en el 92 y nadie pudo echarles mano, cuando en aquellos años de la crisis hasta los gatos se perdieron del mapa”.

“Lo que pasa es que comer mono no va con el cubano, si no, yo te iba a hacer un cuento -le responde su amigo Amilcar- pero si siguen pariendo y aumentando, vamos a tener que organizar safaris como en África, todo está en que a los del turismo se les encienda la chispa”.

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