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Crónicas habaneras

“¡Galletas de ajonjolí y de mantequilla! ¡tostadiiiiitas!”. El pregón se escucha desde bien temprano en la mañana y a veces hasta entrada la noche en cualquier barrio de La Habana. GALLETAS DE MANTEQUILLA

“¡Galletas de ajonjolí y de mantequilla! ¡tostadiiiiitas!”. El pregón se escucha desde bien temprano en la mañana y a veces hasta entrada la noche en cualquier barrio de La Habana.

Son vendedores de galletas que han proliferado en los últimos meses ofreciendo casi exclusivamente un solo producto: galletas, de mantequilla o de ajonjolí, en bolsas de nailon a 1.00 CUC el paquete, o en su equivalente, 25.00 pesos cubanos (CUP).

Quienes las pregonan son solo el último eslabón de una cadena que, a estas alturas, debe mover una buena cantidad de dinero y de materia prima, pues parecen ser las mismas galletas en todas partes, cuadraditas, con sabor y calidad que no es posible diferenciar aunque usted compre un paquete en Santa Fé, y otro en Guanabacoa, en el extremo opuesto de la ciudad.

Yosvany, un jovencito de terminó el preuniversitario a duras penas y no quiso seguir estudiando ni “trabajar para el Estado”, se enroló en el ejercito de vendedores y no parece irle mal. Dice que más o menos saca “de cinco a seis fulas de ganancia al día, y a veces más cuando hay buena venta, sobre todo los fines de semana”.

Y esa cantidad de dinero en CUC en un país como Cuba, representa un salario más que excelente para cualquiera.

El misterio, para muchos clientes, radica en dónde se encuentra el otro extremo de la cadena, y muchos creen que quienes las producen, que no deben ser muchos pues el patrón es semejante, están no solo horneando galletas, sino «haciendo el pan» como se dice en buen cubano.

Por supuesto, las condiciones higiénicas en que se elabora el producto son también un misterio, pero como las venden selladas en su envase y con una calidad que satisface a la clientela, nadie indaga mucho más.

En todo caso, sean muchos o pocos los productores, parecen estarle ganando la competencia al estado en este rubro, pues los consumidores aseguran que las galletas de mantequilla son mucho mejores que las de sal que producen las plantas de la industria alimenticia y que se venden en las shoping o en las tiendas en pesos cubanos y que, unas más otras menos, con demasiada frecuencia están “pasadas” o medio crudas y son olímpicamente duras, muy apropiadas para adelantar la dentición de los bebes y prohibidas para los ancianos con dientes postizos.

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