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Crónicas habaneras

Que la industria automovilística está inmersa en una profunda crisis es un hecho que nadie puede negar. ‘EFECTO CUBA‘

Que la industria automovilística está inmersa en una profunda crisis es un hecho que nadie puede negar. Ante los innumerables anuncios de despidos y de parones de producción, algunos medios de comunicación internacionales hablan ya en sus páginas del «Efecto Cuba», un ciclón que podría causar aún más daño a las cifras de ventas e incluso de producción del sector en los próximos meses. «Efecto Cuba». Bonitas palabras para describir un panorama algo sombrío que, sin embargo, ha hecho de la Isla un auténtico museo callejero de automóviles. Lo notable de la situación no es sólo la cantidad de vehículos que circulan por las estrechas calles de La Habana, sino su «estado de salud». Impecable. Clásicos de la década de los 50 en condiciones envidiables, que en otros países de América o Europa ocuparían lugares preferentes en salones y exposiciones. No es de extrañar. A los cubanos no les ha quedado otro remedio que convertirse a la fuerza en noveles mecánicos y restauradores en potencia, con los efectos del embargo que EEUU mantiene sobre la Isla y que impide la importación de repuestos para los Cadillacs y Chevrolets y, por supuesto, coches de última generación. Este es el temor principal que los medios de comunicación han empezado a reflejar en sus páginas de economía. La industria teme que otros países emergentes, como Brasil o Argentina, en los que el negocio había batido récords en los últimos dos años, sigan ahora los pasos cubanos y comiencen a reparar por sí mismos sus vehículos, en vez de sustituirlos por otros nuevos, en un intento de ahorro en medio de la crisis que azota al mundo.

CARA Y CRUZ EN LA ISLA

La paciencia y el esfuerzo de los mecánicos cubanos también ha hecho que otros vehículos tan míticos como las Harley Davison no desaparezcan de las calles habaneras. Este tipo de motos llegaron a Cuba incluso antes de la Revolución, en la década de los años 20. Al menos así lo asegura en su último libro Martin Jack Rosenblum, un antiguo historiador de la Harley-Davidson Motor Company. La fortaleza de la moto llegó a convertirla en la bandera de los vehículos policiales cubanos. Sin embargo, y al contrario de lo ocurre en los vehículos de cuatro ruedas, el embargo estadounidense ha pesado sobre esta industria, y en Cuba quedan algo menos de un centenar de estas motos. Reparar uno de sus motores puede llevar más de un año y medio. A pesar de ello, el tesón de los cubanos y su alma de mecánicos podría convertir a las Harley en una “especie inmortal” en las calles de la Isla.

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