La noticia apareció en toda la prensa nacional e incluso internacional, pues en este mundo ya casi no abundan las cosas raras y menos cuando estas son fruto del «amor». La noticia apareció en toda la prensa nacional e incluso internacional, pues en este mundo ya casi no abundan las cosas raras y menos cuando estas son fruto del «amor».
El caso es que una cebra africana y un burro cubano que viven en el zoológico de la central ciudad de Ciego de Ávila tuvieron un desliz y como resultado les nació un «cebrasno» en perfectas condiciones de salud. De cuerpo robusto y pelaje marrón -propio del padre-, y con rayas en las orejas, patas largas y una línea negra que va desde la cabeza hasta la cola, heredados de la madre, el animalito ya se pasea por su jaula junto a su blanquinegra mamá.
La cebrasna, porque es hembra, está «en perfectas condiciones», aunque en ello no tuvo nada que ver la ciencia, pues el apareamiento se realizó de manera fortuita, según han advertido los cuidadores del animal, que se ha convertido en una verdadera estrella del zoológico, desplazando de la admiración del público a leones e hipopótamos aun cuando los expertos aseguran que este tipo de cruce racial no es interesante para ningún zoológico, donde siempre se busca mantener las especies en sus expresiones más puras.



