El cine cubano parece ir mejorando su salud después de la crisis -el demonizado eufemísticamente Período especial- que viró al revés la vida de los cubanos y estuvo a punto de hacer desaparecer esa industria en la isla. El cine cubano parece ir mejorando su salud después de la crisis -el demonizado eufemísticamente Período especial- que viró al revés la vida de los cubanos y estuvo a punto de hacer desaparecer esa industria en la isla.
Por estos días se exhibe en las pantallas de la capital y otras ciudades con amplia aceptación de crítica y público, Habanastation, una cinta que refleja las crecientes diferencias que se manifiestan en la sociedad isleña en los últimos años, mediante una historia muy simple, la de dos niños de diferentes estratos sociales que entablan una sincera amistad contra todos los prejuicios, sociales y raciales incluidos.
La cinta comenzó con buen pie, pues trascendió que el realizador estadounidense Michael Moore la presentará en estos días en Estados Unidos.
Con una problemática muy similar, pero en otro tono y esta vez enfocada desde las relaciones de la pareja, otra película que asoma al panorama cinematográfico cubano es Irremediablemente juntos, de Jorge Luis Sánchez, el mismo director que debutó en el largometraje con la exitosa El Benny, sobre la vida del mejor músico cubano de todos los tiempos, conocido como «el bárbaro del ritmo».
Sánchez vuelve a apostar por una cinta donde las canciones y los bailes coreográficos serán una parte considerable de la trama. Solo que esta vez el desafío es mayor, puesto que será un musical en toda su extensión, con 31 números musicales, 27 cantantes, 12 coreografías y cien bailarines.
Para completar la relación de algunos de los próximos estrenos, ya está lista la segunda entrega de la trilogía Kangamba, Sumbe y Cuito Cuanavale, impulsada por el ICAIC, para recoger en celuloide ese pasaje único de la historia de Cuba que fue la guerra en Angola.
Su realizador es el consagrado Eduardo Moya, que pisa terreno ya conocido por él en el género bélico, acercándose esta vez a la historia de unos hombres de carne y hueso, que no fueron soldados experimentados sino maestros, constructores o médicos, que se enfrentaron a un ejército superior en hombres y armamentos.



