Después de una relativa calma por las acostumbradas vacaciones de la temporada beisbolera cubana, la fiebre por “la pelota” volvió a cundir entre los cubanos al conocerse la formación del equipo que representará al país en el campeonato mundial en Panamá y más adelante en los Juegos Panamericanos de Guadalajara. Ilusiones renovadas
Después de una relativa calma por las acostumbradas vacaciones de la temporada beisbolera cubana, la fiebre por “la pelota” volvió a cundir entre los cubanos al conocerse la formación del equipo que representará al país en el campeonato mundial en Panamá y más adelante en los Juegos Panamericanos de Guadalajara. Como se dice en las peñas de los amantes del béisbol, el horno no está para pastelitos, pues, por un lado el equipo buscará luchar por el oro en el mundial, evento que no gana desde hace unos cuantos años, y vencer en los Panamericanos, único certamen en el cual todavía el deporte nacional de los cubanos mantiene su hegemonía. Y como si de algo saben los cubanos es de pelota, al conocerse la nómina surgieron por igual aplausos y cuestionamientos, a lo cual el veterano Alfonso Urquiola, seleccionador nacional, respondió bizantinamente que están los mejores, pero no todos los mejores porque solo es posible escoger 24 jugadores, no 26 ni 30. Mientras, las cábalas se multiplican, los pesimistas auguran nuevos descalabros, los optimistas aseguran que su equipo va a por todas, y hay quienes, aun sin comenzar el primer “inning” del mundial ya se muerden las uñas.
EL CAFÉ ESTA PERDIDO
Si para los ingleses el té de la tarde es una ceremonia casi imprescindible, para los cubanos un buchito de café bien fuerte a cualquier hora del día es vital, pero hacerlo se torna difícil por estos en días en que el polvo está literalmente perdido, incluso de la “bolsa negra” lo cual es preocupante para muchos. Es cierto que a cada cubano, con excepción de los niños más pequeños, les toca al mes, por la libreta, un paquete con unas cuantas onzas, pero eso da, si acaso, para el cafecito de la mañana, y comprar en la tienda un sobre de Cubita es casi impensable para la mayoría. Y la cosa va para largo, pues aunque se anuncia un aumento de la producción en la cosecha que comienza, la recuperación del deprimido cultivo conlleva renovar plantaciones viejas y hasta a los antiguos cultivadores, porque la mayoría de los jóvenes se han ido de las montañas buscando mejores oportunidades para su vida. Entonces vienen los inventos, y las consecuencias. Un ciudadano cubano se puso a tostar chícharos, los mezcló con el café, que ya venía mezclado, y así logró ampliar su cuota. Y lo peor, parece que en una de las mezclas se le fue la mano, la cafetera se tupió y explotó provocando la alarma en medio barrio, por suerte sin víctimas.



