No sólo en Londres, Nueva York, París o Madrid se puede encontrar el ‘glamur‘ de las subastas, en las que señoras enjoyadas, viejos millonarios con bastones empuñados en oro, jeques, mafiosos y hasta algún que otro comprador anónimo, se gastan mucha cantidad de dinero comprando obras de arte. EL GLAMUR DE LAS SUBASTAS
No sólo en Londres, Nueva York, París o Madrid se puede encontrar el ‘glamur‘ de las subastas, en las que señoras enjoyadas, viejos millonarios con bastones empuñados en oro, jeques, mafiosos y hasta algún que otro comprador anónimo, se gastan mucha cantidad de dinero comprando obras de arte. Aunque la mayoría de los cubanos no son conscientes de esta situación, en la Isla también hay espacio para ello, y así SubastaHabana, la casa subastadora de las artes plásticas cubanas, ha rematado un lote de 110 obras, con un valor de salida estimado en 1,2 millones de dólares (0,9 millones de euros). Entre las piezas hay que destacar decenas de figuras de bronce y marfil o bronce y mármol de prestigiosos artistas europeos, así como cuadros de reconocidos pintores actuales, residentes o no en la Isla, como Roberto Fabelo y Tomás Sánchez; de las principales firmas de la Vanguardia (décadas de 1950 y 1960) como Servando Cabrera, René Portocarrero, Amelia Peláez, Víctor Manuel, Mario Carreño y Mariano Rodríguez, e incluso artistas de la academia como Leopoldo Romanach, todas ofrecidas por coleccionistas privados, cubanos o extranjeros. Los organizadores han explicado que entre la colección hay algunos cuadros que valen sus pesos, como “Guitarrista”, un Carreño de 1945 y “Meditación en la cascada del río azul”, realizado en 1996 por Tomás Sánchez.
26 grados, ¡qué frío!
Al fin se fue el verano, es la frase que repiten los cubanos ante la llegada del primer frente frío, con la cual parece decir adiós la canícula de agosto y septiembre. La verdad es que no ha sido más que un ligerísimo cambio de tiempo que no hizo otra cosa que traer como compañeras a las siempre bienvenidas lluvias y, de paso, bajar los termómetros a 26 o 28 grados centígrados, pero eso es decir frío para los cubanos cansados de soportar temperaturas muy por encima de los 33 grados. Por eso, muchos ciudadanos se apresuraron a sacar de lo más profundo de los armarios su ajuar invernal, ponerlo al aire para quitarle el olor a guardado e incluso, hubo quien se puso algo de abrigo frente a las miradas incrédulas de sus vecinos. Aún están lejos los días en que existía el “chifle el mono”, expresión que nadie sabe de dónde procede pero que todos traducen literalmente como frío intenso; pero a pesar de esto se agradecen los días de sol suave y las noches frescas en las que nadie tiene que usar los ventiladores o aires acondicionados.



