LOS GAYS ANDAN DE FIESTA

Radio Bemba

Mariela Castro «y sus muchachitas» andan por estos días celebrando una nueva «jornada contra la homofobia» en todo el país, que aunque ha sido divulgada discretamente por la prensa, da que hablar en Radio bemba, en la cual proliferan todo tipo de opiniones, tanto las que expresan indiferencia o en el mejor de los casos comprensión, casi siempre provenientes de los más jóvenes, como las que no ven el asunto con muy buena cara, sobre todo gente de más edad, aunque a estas alturas parecen ser un anacronismo opiniones como la de Gualberto, en apariencias un venerable viejito, quien asegura que «los cogería a todos, los montaría en un barco y lo hundiría a diez millas de la costa». Mariela Castro «y sus muchachitas» andan por estos días celebrando una nueva «jornada contra la homofobia» en todo el país, que aunque ha sido divulgada discretamente por la prensa, da que hablar en Radio bemba, en la cual proliferan todo tipo de opiniones, tanto las que expresan indiferencia o en el mejor de los casos comprensión, casi siempre provenientes de los más jóvenes, como las que no ven el asunto con muy buena cara, sobre todo gente de más edad, aunque a estas alturas parecen ser un anacronismo opiniones como la de Gualberto, en apariencias un venerable viejito, quien asegura que «los cogería a todos, los montaría en un barco y lo hundiría a diez millas de la costa».

La V Jornada Cubana contra la Homofobia se inició la semana pasada y estará dando quehacer durante todo un mes con el mensaje, según Mariela, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cene­sex), de impulsar «el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género». Habrá de todo, desde eventos científicos sobre el tema de la diversidad sexual, hasta exposiciones, presentaciones artísticas y la proyección de algunos controvertidos filmes en la televisión, aunque el plato fuerte fue sin dudas la marcha que realizaron gays, lesbianas, transexuales y todo el que quiso unírseles, con Mariela al frente y a ritmo de conga, nada menos que por La Rampa, uno de los centros neurálgicos de La Habana.

«Ese exhibicionismo es lo que no soporto», dice Carmela, una maestra jubilada, con cara de pocos amigos.

Más comprensiva, Consue­lo, una estudiante universitaria, asegura que «A mí no tienen que convencerme. Siem­pre he aceptado la inclinación sexual de cualquiera, Es una cuestión de libertad individual, de derechos personales».

Jesús, administrador de una farmacia que se declara abiertamente homosexual «pero no loca», afirma que lo que hay que hacer es aprobar definitivamente la ley sobre las uniones de parejas de igual sexo.

Y Mariela, como para poner la tapa al pomo, dijo ante la prensa que lamentaba que «Cuba no sea capaz de ser más revolucionaria» en los asuntos relacionados con la diversidad sexual.

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