Tan aburrida como siempre

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A pesar de que pretende ser el buque insignia en la programación cubana con carácter político e informativo, la Mesa Redonda que trasmite el canal Cubavisión todos los días de lunes a sábado, no da pie con bola. A pesar de que pretende ser el buque insignia en la programación cubana con carácter político e informativo, la Mesa Redonda que trasmite el canal Cubavisión todos los días de lunes a sábado, no da pie con bola.

Para los televidentes, los ligeros cambios en su formato ni tiñen ni dan color, pues la gente pide a gritos que el programa deje de hablar tanto de los problemas que están acabando con el mundo y se meta más en los asuntos de casa, que no son cosa de juego.

La mesa surgió cuando la bronca con la gente de Miami por la custodia familiar del balserito Elián González estaba en pleno apogeo, y todos la veían para enterarse de lo que estaba pasando sobre la truculenta historia, pues no solo contaba con un grupo de panelistas que le echaban con el rayo a la gusanera de Miami, sino que además se proyectaban también los abundantes reportajes sobre ese tema que producían la CNN y otras cadenas estadounidenses.

Eso, sin contar que casi a pupilo estaba el Comandante dirigiendo la operación, por lo que había alicientes para dedicarle un tiempo, pero luego comenzó a cansar al alargarse indefinidamente, a veces durante tres y cuatro horas, reiterar los mismos temas, y siempre con los mismos panelistas, que al parecer sabían de todo lo humano y lo divino.

Las caritas de aburrimiento de los invitados que aparecían al fondo, en penumbras, eran una repetición de lo que ocurría en las casas, solo que desde su sillón usted podía hacer zapping o apagar el televisor y dedicarse a cosas más útiles, mientras que los invitados estaban condenados a soportar hasta el final, clavados en sus sillitas, sin otra alternativa que brindar su aplauso de apoyo, o de alivio, al final del programa.

Hace tiempo, felizmente, le dieron vacaciones a los invitados; Randy, su presentador principal, dejó de mover su cabecita afirmativa y mecánicamente como esos animalitos de fabricación china que venden a veces en las tiendas de todo por uno, y lo que es mejor, la Mesa redonda logró redondear un horario fijo, de seis y media a ocho de la noche.

Pero sigue tan aburrida como siempre, por lo que ha quedado como entretenimiento para viejitos de la cuarta edad que ni se enteran de qué están hablando, o ya se lo saben todo desde hace mucho, porque las opiniones siempre tienden a ser convergentes, sin puntos de vista diferentes y mucho menos opuestos.

El misterio radica en por qué una programación que políticamente debe ser estelar sirve solo para llenar un hueco en la parrilla. Quizá por orientaciones de algunos de «arriba» que no están muy pendientes de lo que de verdad quiere la gente. Y nadie sabe por dónde andan los niveles de teleaudiencia.

Otra cosa ocurre cuando anuncian un buen documental político o alguna rara avis sobre problemas nacionales como el dedicado al racismo en Cuba, que al día siguiente era comentado por la gente en la calle. Pero parece que los directivos de la Mesa redonda no dan su brazo a torcer… o no pueden.

Lo peor para ella es que le han surgido involuntarios competidores como el noticiero de Telesur o «El triángulo de la confianza» un espacio que se ha ido abriendo camino en la televisora provincial Canal Habana y que muchos siguen, pues hace todo lo que no hace la Mesa Redonda.

Pero también tiene su lado bueno: Para quienes padecen de insomnio el antídoto está garantizado, si se disponen a ver la repetición, por el canal Educativo, ya cerca de la media noche, cuando cierran las trasmisiones.

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