Y SIGUEN LAS GALLETAS

Radio Bemba

Hace un tiempo hablamos en estas páginas de la mala calidad de las galletas de sal, ese alimento que tanto gusta a todos los cubanos, pero que tal y como andan las cosas parecen destinadas a desaparecer porque no hay quien les meta el diente. Hace un tiempo hablamos en estas páginas de la mala calidad de las galletas de sal, ese alimento que tanto gusta a todos los cubanos, pero que tal y como andan las cosas parecen destinadas a desaparecer porque no hay quien les meta el diente.

Aquellas galletas crujientes, tostaditas en su punto justo, olorosas a recién sacadas del horno, son historia antigua.

Mira que se ha hablado del asunto, pero nada. Las de producción industrial siguen duras como palo y quien se arriesga a morder una puede morir atragantado o terminar en el dentista con un diente de menos, y para completar, las venden, cuando menos, por paquetes de un kilogramo por 25.00 pesos, es decir, en cantidades industriales y a un precio que requiere pensar más de dos veces a la hora de meter la mano en el bolsillo.

Eliminada la opción de las galleticas industriales, solo quedan las llamadas panaderas, que son las que venden en las panaderías, grandes, casi siempre bien horneadas, deliciosas.

Pero resulta que aunque es un producto para vender al menudeo, a alguien se le ocurrió que tenían que salir en bolsas de 10.00 o 20.00 pesos y puede que usted solo quiera comer una o dos, tiene que cargar con diez o veinte de una sola vez. O todo, o nada.

La bronca entre consumidores y panaderos va y viene; en el asunto se han metido hasta los gobiernos municipales y provinciales, siempre a favor de los clientes, pero los panaderos no parecen hacerles el menor caso.

Hay quienes dicen que si eso continúa así habrá que esperar al próximo congreso del Partido a ver si alguno de sus «lineamientos» contiene la fórmula mágica para que las galletas industriales se puedan comer y las panaderas se puedan comprar una o cien, como el cliente quiera.

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