En esta isla casi todo es por temporada, como las modas. En esta isla casi todo es por temporada, como las modas.
En mayo comenzó la temporada del mango y todavía no se ha acabado aunque dentro de poco comienzan a escasear hasta que desaparecen por completo. Si seguimos lo que dicen los guajiros (campesinos) con su sabiduría basada en la práctica secular. Este no es un año de muchos mangos, porque las ventoleras que comenzaron a sentirse en el temprano mes de febrero y se mantuvieron hasta avanzado abril, tumbaron buena parte de las flores de los árboles. Eso sin contar que los primeros mangos aparecieron en el mercado antes de las lluvias de mayo y solo los bobos los comen, porque todo el mundo aseguran que dan diarreas. Quizá por eso a la flojera estomacal que tanto abunda en esos días se le llama, sobre todo en los campos de Cuba, el bobo de mayo. Pero ya comenzó la temporada de los aguacates, y con ella otras tradiciones.
En principio los vendedores que comienzan a pulular por las calles de las ciudades y pueblos se desgañitan ofreciendo su producto, pero aunque nadie veía un aguacatico desde hace un año, son pocos los que caen en el jamo, pues casi siempre los primeros que se recogen, son amargos o «saben a hierba», como dicen muchos. Luego vendrán los buenos, los que están a punto, «amasados», y entonces sí, a comer aguacates se ha dicho. Vamos a ver si en verdad se cumple otro de los augurios de los guajiros: «Año de poco mango, año de mucho aguacate», aunque ninguno explica que tiene que ver uno con otro. «Es así», sencillamente. Sería buenísimo, porque en la mesa del cubano el aguacate es un seguro salvavidas a la hora de preparar una ensalada, pues es el rey en la época cuando el resto de los vegetales prácticamente desaparecen a consecuencia de los calores. Mi abuela decía que «no hay nada más sabroso que un plato de arroz blanco con dos huevos fritos, platanito maduro y una tajada de aguacate», combinación que aunque no aparece en el menú de restaurante alguno, cada cubano la ha degustado miles de veces en su vida. Pero aunque haya muchos, que nadie piense que los encontrará baratos. Si en Cuba existiera una bolsa de valores, seguramente el aguacate sería algo así como el índice para seguir el sube y baja de las acciones. Su precio fijo es 10.00 pesos la unidad, llueve, truene o relampaguee. Los vendedores se compadecen y lo bajan a 7.00 cuando son muy pequeños, pero se desquitan subiendo a 12.00 los más grandes.



