La Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN) abrió el 1 de septiembre una nueva temporada de conciertos bajo las batutas de su director titular, Enrique Pérez Mesa, y el maestro japonés Yoshikazu Fukumura. La Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba (OSN) abrió el 1 de septiembre una nueva temporada de conciertos bajo las batutas de su director titular, Enrique Pérez Mesa, y el maestro japonés Yoshikazu Fukumura.
El pasado domingo, la sala Covarrubias del Teatro Nacional acogió un programa que incluyó la Sinfonía no. 5, en Si bemol Mayor, de Franz Schubert, el Concierto para violonchelo y orquesta, de Camille Saint-Saans y la Sinfonía no.4, en La Mayor (Italiana), de Felix Mendelssohn.
Conducida por Pérez Mesa, la Sinfónica acompañó además la actuación especial del joven y brillante violonchelista Roberto Carlos Díaz Ramírez, quien aún es estudiante de la Escuela Vocacional de Arte Luis Casas Romero, de Camagüey (centro de Cuba).
Hoy abundan los espacios dedicados a la música clásica o culta en La Habana y otros lugares de la isla y a la excelencia de la Sinfónica se suman otras agrupaciones con distinto formato, como la Camerata Romeu, por mencionar solo una, que han abierto a fuerza de trabajo y calidad artística un espacio al que acuden cada vez más cubanos, aunque este tipo de música sigue siendo aun claramente elitista en un país donde, aunque todo el que quiera puede disfrutarla, la mayoría se abstiene de hacerlo por una cuestión de «mitología de clases» como definiera un reconocido artista cubano esa reticencia.
Cierto es que hace medio siglo al teatro Auditorium (hoy Amadeo Roldán) solo acudían los ricos entre los ricos, no porque en realidad fueran muy conocedores del género, sino porque aquello «daba caché».
La mayoría, sencillamente no tenía noción de qué era la Sinfónica y para muchos ni existía.
Tan cierto es esto que, cando en la década de 1960 esa importante agrupación musical comenzó a desprenderse de su elitismo y a realizar giras por el interior del país, en un teatro de una capital de provincia fue anunciada con un gran cartel que decía:
«¡ESTE FIN DE SEMANA, A BAILAR Y A GOZAR CON LA SINFONICA NACIONAL!».
La televisión cubana parece querer darle un nuevo aire al controvertido espacio de la Mesa Redonda, considerado oficialmente uno de los programas informativos más importantes, aunque con un rating bastante bajo si nos guiamos, a falta de cifras públicas y confiables, por las opiniones de los televidentes, que en su mayoría aseguran que no la ven o lo hacen muy poco.
Esta semana que concluye la Mesa comenzó con menos tiempo, pues perdió 30 minutos, y dispone ahora de una hora de transmisión en el pesado horario de siete a ocho de la noche, y con un set renovado, para hacerla más llamativa, al menos en apariencias, pues por lo visto siguen brillando por su ausencia los temas «calientes» que interesan a los cubanos, aunque sus promotores anuncian que serán abordados con mayor insistencia los asuntos del país, lo cual, a juicio de muchos, es casi lo único que podría devolverle algún atractivo ante un público que a esa hora casi siempre prefiere ver programas más entretenidos en los otros cuatro canales de alcance nacional.



