MAQUILLAJE PARA DOS GIGANTES

Radio Bemba

El Estadio Latino­ame­ricano de La Habana, el mayor estadio de béisbol de Cuba, inaugurado en 1946, comenzó a ser sometido a una remodelación para devolverle su antiguo esplendor, aseguran los encargados de su remozamiento. El Estadio Latino­ame­ricano de La Habana, el mayor estadio de béisbol de Cuba, inaugurado en 1946, comenzó a ser sometido a una remodelación para devolverle su antiguo esplendor, aseguran los encargados de su remozamiento.

Las obras incluyen nuevas instalaciones para los equipos y -lo más complicado- una nueva cubierta techada en parte de sus graderías.

El coloso del Cerro, o el Latino, com lo conocen abreviadamente los cubanos, estaba pidiendo a gritos la reparación después de muchos años sin que «le pasaran la mano» por la falta de recursos que padece el país.

Se dice que los trabajos tomarán todo el año, pero no alterarán el desarrollo de la serie nacional de béisbol, que se reinició el martes pasado, tras un receso por el Clásico Mundial.

Con capacidad para 55,000 espectadores y cuartel general del equipo de béisbol más famoso de Cuba, Industriales, el Latino es a La Habana, lo que el Bernabéu a Madrid, solo que está enclavado en la juega humilde barriada de El Cerro, muchos de cuyos pobladores, al menos los que viven en los alrededores de la enorme instalación, esperan «mojarse», si se puede, con algunos materiales de construcción que le permitan mejorar sus precarias viviendas, como ocurre frecuentemente en la isla cuando de grandes, medianas o pequeñas obras se trata.

Otro monstruo que comienza a transformarse es el Capitolio, el edificio más grande de Cuba y tan emblemático como el castillo de El Morro.

Desde hace ya bastantes meses la Oficina del Historiador de la Ciudad «le echó el ojo», porque la enorme mole estaba pidiendo a gritos un mantenimiento, pues se puede asegurar que por lo menos desde 1959 no recibía ni un brochazo.

Pero según comentarios de la calle, el edificio, inaugurado en 1929 en una superficie de 388,700 metros cuadrados, a un costo de 17 millones de dólares de aquella época, o lo que es lo mismo, un verdadero dineral, requería ahora una cantidad mayor para devolverle los brillos de antaño.

Y aunque nadie sabe cómo ni de dónde, al parecer aparecieron los fondos necesarios, porque en las últimas semanas se aprecia un movimiento inusual de constructores, la enorme cúpula comienza a llenarse de andamios y en salones y galerías los restauradores pulen bronces, maderas y mármoles. Aunque por su envergadura, la obra seguro va para largo.

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