Beyoncé conmociona La Habana

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Aunque muchos no pueden afirmar que los vieron, la verdad es que media Habana estuvo al tanto de los pormenores de la visita de Beyoncé, su esposo el rapero Jay-Z, las mamás de ambos y los mastodontes que los escoltaban. Aunque muchos no pueden afirmar que los vieron, la verdad es que media Habana estuvo al tanto de los pormenores de la visita de Beyoncé, su esposo el rapero Jay-Z, las mamás de ambos y los mastodontes que los escoltaban.

El alboroto fue general, quizá porque los habaneros no están acostumbrados a recibir en sus predios a una diva con 17 Grammys a cuestas, y la siguieron, a ella y sus acompañantes, en todos sus movimientos durante los escasos tres días que estuvieron en la capital de la isla.

Y eso que la prensa nacional casi ni los mencionó, porque la artista pidió que la visita resultara lo más discreta posible, por tener carácter privado, con motivo de la celebración de su cuarto aniversario de bodas.

Al menos eso fue lo que dijeron quienes dirigen desde «arriba» a la prensa cubana, que ante tal argumento se portó disciplinadamente como es su costumbre.

En cambio, los corresponsales extranjeros «hicieron zafra», y hasta los cubanos que andan por Facebook se dedicaron a divulgar el acontecimiento con todo tipo de comentarios y fotos más que elocuentes de todo lo que hizo la artista.

Al parecer la noticia se propagó cuando la pareja y su comitiva, casi acabados de llegar, fueron a La Guarida, la paladar más cara y famosa de La Habana, conocida como el restaurante de las estrellas, porque por allí han pasado casi todas las celebridades que han visitado La Habana, desde Jack Nicholson hasta la Reina Sofía, y donde ella degustó un plato de pollo con miel y limón, y su media naranja, la especialidad de la casa, cherna a la caimanera.

Pero más que la propia Beyonce, lo que encendió las alarmas en la populosa barriada de Centro Habana, donde radica el exclusivo restaurante en un ruinoso palacete de principios del siglo XX devenido en casa de vecindad, fue la presencia de los guardaespaldas, grandes como armarios, por lo cual de inmediato se corrió la voz de que «alguien importante estaba allí».

El chisme desembocó en una verdadera concentración popular que, quizá enterada de la identidad de los visitantes por los propios empleados de La Guarida, clamaba a grito limpio por Beyonce, quien debió asomarse a uno de los balcones y, casi en un remedo de lo que hizo alguna vez Evita Perón, saludar al pueblo desde las alturas.

De no ser por los mastodontes, posiblemente Beyonce, y más aún Jay-Z, hubieran pasado sin pena ni gloria, como unos turistas más, porque verdaderamente, de la monumental hembra que domina los escenarios internacionales, a la mulatica que sonreía permanentemente tras unas enormes gafas de sol, hay un trecho bien largo.

Por eso, quienes la vieron de cerca no mencionaron su contundente sensualidad, su curvilínea figura y su cara de vampiresa, sino que se inclinaron por calificarla de simpática, agradable, sencilla, alegre o, simplemente, bonita.

Eso sí, no cabe dudas de que opacó por completo a su también famoso marido, porque de Jay-Z nadie dijo ni pío, como no fuera eso, que es su esposo desde hace cuatro años cuando se casaron en París, de lo cual la mayoría de la gente se enteró ahora, pues en Cuba bien poco se habla de la vida de los famosos.

Y menos mal que los reportes de prensa lo identificaron como rapero y productor musical, pues si no, pocos hubieran sabido de dónde salía la fama el hombre a no ser los fans del rap, que realmente en Cuba no son demasiados, ahogados por la popularidad de los reguetoneros y los grupos de salsa.

Por añadidura, como el tío es bien feo, pues ni las mulatonas de La Habana le pintaron mucha fiesta.

Pero el caso es que, por si fuera poco con la concentración en los bajos de La Guarida, Beyonce y compañía se atrevieron a caminar a media mañana por las calles de La Habana Vieja y almorzar en otra paladar, seguidos por una multitud de curiosos, mientras que en el hotel Saratoga, donde se hospedaron, la cosa fue de policía y hasta el tráfico interrumpido en la transitada calle Prado.

Además, acudieron a una función especial del grupo infantil La Colmenita, que les ofreció una de sus obras emblemáticas y que terminó con la diva emocionada echando un pasillo a ritmo de tumbadoras, seguida por su parentela con discretas palmadas, y hasta alguno de los mastodontes marcando el paso sin que muchos lo notaran.

Luego visitaron el Instituto Superior de Arte, al otro lado de La Habana, donde se repitió el tumulto, esta vez con alumnos y profesores y, aunque no se ha dicho dónde, por Facebook andan sendas fotos en las que aparece junto a Jaila María Mompié, otra diva, pero de la salsa cubana, y con Juana Bacallao, la cabaretera más populachera y pintoresca que ha tenido Cuba y que a pesar de su discutible arte es toda una institución.

En resumen, en la visita lo privado se fue a bolina, como se dice popularmente en Cuba, y si tuvo algo de privada y romántica, debió haber sido, quizá, en la enorme cama King size del Saratoga, porque en otro lugar, difícil.

Y como Cuba es Cuba, la historia no terminó cuando la pareja abandonó la isla sin que nadie se enterara esta vez, pues no hay testimonios de despedidas en el aeropuerto o en la rada de la Marina Hemingway.

Los ecos del periplo llegaron a Miami y allí dos representantes republicanos de origen cubano exigieron al gobierno que investigara los motivos reales de la visita y si se le había dado a los viajeros el correspondiente permiso al más alto nivel para llegarse hasta La Habana, por aquello del embargo y demás.

Y aunque quedó claro que todo estaba en regla, parece que Jay-Z montó en cólera, y del tiro compuso de manera fulminante una canción que ya anda por Youtube, con el título ‘Open Letter’, en la cual le echa con el rayo a quienes han tratado de investigar su paseo de aniversario y ponerlos en aprietos a él y a su bella esposa.

Así que seguro todavía habrá tela por donde cortar, o cosas que ver, sobre la sonada visita de Beyoncé a La Habana.

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