Lo que pasa con el pescado es un misterio. Lo que pasa con el pescado es un misterio. Anita, que para no ir hasta la pescadería llama por teléfono casi todos los días para preguntar «qué ofertas tienen hoy», desde hace semanas solo recibe la misma respuesta: «masa de cangrejo», o «croquetas criollas» (cuya fórmula nadie conoce), o, en el mejor de los casos, «masa de langosta», que es muy buena, pero solo para ocasiones especiales, porque es a 76.00 pesos el kilogramo y la cosa no está para esos lujos.
La última vez que llamó se quedó lela, porque la empleada lo que le respondió, que no venía al caso, fue «por aquí está lloviendo cantidad», y ante la insistencia de Anita dio el puntillazo con un lacónico «hoy no hay nada mi’jita».
Y es que desde hace ya buen tiempo las pescaderías en venta libre «están en la fuácata» como dice Ernesto, su esposo, que está loco por comer pescado, aunque sea caro.
Por la libreta ni pensar en comerlo, porque es solo para quienes tienen dieta médica, y para el resto de la población desde hace mucho tiempo solo existe la variante de pollo por pescado, como si alguna vez se hubiera visto un pollo que sepa nadar o un pez con plumas.
En las pescaderías ya no se ven la albacora, el pargo, la cherna, el aguají o los filetes de tiburón, todos bien caros, pero al alcance de quien pudiera, y mucho menos las ofertas más económicas, como la claria, que a Ernesto le encanta y compraba en cantidades industriales, aunque Anita no le hace mucho «swing» porque «es de agua dulce y dicen que se come hasta las ranas».
En la shoping ni pensarlo, pues solo hay laticas de atún, carísimas, y para encontrar variedad solo queda ir al mercado de Tercera y 70 con un saco de dinero.
Y como a río revuelto ganancia de pescadores, y nunca mejor dicho, por la calle menos que menos. Los particulares han subido los precios hasta donde no da más.
Unos dicen que el desabastecimiento se debe a que es época de veda, aunque al parecer se trata de una veda universal; pero otros aseguran que con las reformas económicas, las pescaderías, que pertenecían al Ministerio de la Pesca, pasaron al Ministerio del Comercio Interior, y si esa es la causa, por lo visto algún cabo anda suelto, y con la mudanza los pescados se quedaron por el camino.



