“¿Pero tú todavía no has ido a La Cuevita, mi amiga?” le peguntó incrédula Yanni a Adislí, su amiga de andanzas por todas las ‘shopings‘ y ‘timbiriches‘ de La Habana. EL MEJOR MERCADILLO DE LA HABANA
“¿Pero tú todavía no has ido a La Cuevita, mi amiga?” le peguntó incrédula Yanni a Adislí, su amiga de andanzas por todas las ‘shopings‘ y ‘timbiriches‘ de La Habana.
“¿Tas loca?, pa´que me roben hasta los lentes de contacto?”.
“No mi amiga -le aclaró apaciguadora Yanni- eso era en otros tiempos, ahora aquello está tranquilito, es legal, hay de todo y los precios son los mejores”.
Y en efecto, aunque los tenderetes y las ferias donde se vende de cuanto hay se han multiplicado en La Habana, desde hace un tiempo a esta parte La Cuevita ha ido ganando fama de ser el mejor lugar para comprar, porque todo es más barato, hay lo mismo que en todas las tiendas estatales y la mayor variedad de la pacotilla que llega -mulas mediante- de Miami, Panamá, Ecuador, Dominicana y hasta de Haití.
Son unas cuantas manzanas ubicadas en el “corazón” de uno de los barrios más calientes de la capital, San Miguel del Padrón, al que sus propios vecinos le dicen, cariñosamente, San Miguel del Ladrón, y es probable que del nombre de La Cuevita haya salido la inspiración para escribir el famoso cuento de Alí Babá.
Pero ya no son los tiempos cuando la policía ni se asomaba por allí y reinaba la flor y nata de la delincuencia, no tanto porque sus vecinos hayan olvidado su estirpe, sino porque cada quien ha conseguido su licencia de “trabajador por cuenta propia” que es el sésamo ábrete para que la policía y los inspectores de comercio no anden fijándose mucho si usted vende ropa nueva o de uso, zapatillas deportivas y zapatos para las reinas de la noche, materiales de construcción, piezas de baño y de cocina, herramientas, repuestos de Lada, Kia o Ford de los años cincuenta, y, si anda hurgando mucho, hasta juguetes, medicinas y todo lo que pueda contener una quincalla. Y más barato que en cualquier parte, como si fuera una zona franca. Seguro. Y todo marcha viento en popa, con miles de clientes cada día que desandan sus calles, metiéndose de portal en portal, como Yanni, que ya prácticamente no sale de compras a ningún otro lugar.



