El Gobierno, al Capitolio

Radio Bemba

Ya lo habíamos dicho no hace mucho en estas páginas, que el Capitolio Nacional se había llenado de andamios y que su reconstrucción, que parecía marchar a paso de tortuga desde que fue cerrado hace tres años, había cobrado un inusual impulso, y nos acabamos de enterar que ello obedece a que deben estar concluidas antes de fin de año, con motivo del 494 aniversario de la ciudad y, lo más importante, porque volverá a cumplir el objetivo para el cual fue inaugurado en 1929, acoger al parlamento. Ya lo habíamos dicho no hace mucho en estas páginas, que el Capitolio Nacional se había llenado de andamios y que su reconstrucción, que parecía marchar a paso de tortuga desde que fue cerrado hace tres años, había cobrado un inusual impulso, y nos acabamos de enterar que ello obedece a que deben estar concluidas antes de fin de año, con motivo del 494 aniversario de la ciudad y, lo más importante, porque volverá a cumplir el objetivo para el cual fue inaugurado en 1929, acoger al parlamento. Quien lo dijo públicamente fue el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal; pero antes, en febrero, el presidente Raúl Castro, en medio de un discurso, había dejado caer que «algún día tendremos que volver al Capitolio», así que, si lo dijo quien lo dijo…

«¡Al fin!» fue la escueta expresión de Ernestina, una vieja pedagoga que vive en un destartalado edificio en las cercanías, cuando se enteró que el Capitolio volverá a ser lo que nunca debió dejar de ser. «¡Por fin le van a dar un uso a ese elefante blanco!» dijo recordando que después que «llegó el Comandante y mandó a parar» el enorme edificio se convirtió primero en sede de la Academia de Ciencias de Cuba, y luego del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, pero a las dos instituciones les quedaba demasiado grande, con sus 43 mil metros cuadrados repletos de mármoles de todos los colores, lámparas y candelabros de bronce, pesados muebles de caoba estilo imperio, salones laberínticos, una de las estatuas bajo techo más grandes del mundo, revestida en oro, y hasta un enorme diamante, incrustado en el piso justo debajo del punto más alto de la cúpula, el cual marca el kilómetro cero y que una vez desapareció misteriosamente para aparecer, después de un tremendo escándalo, en una gaveta del escritorio del presidente de turno.

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