«Contigo en la distancia», versionada por medio mundo, es más que suficiente para que el músico César Portillo de la Luz perdure en la memoria de los amantes de la buena música «más allá del sol y las estrellas», como dice la canción. «Contigo en la distancia», versionada por medio mundo, es más que suficiente para que el músico César Portillo de la Luz perdure en la memoria de los amantes de la buena música «más allá del sol y las estrellas», como dice la canción.
El maestro, como lo califican muchos, falleció el 4 de mayo en La Habana a los 90 años, y cientos de cubanos acudieron a decirle adiós en la céntrica funeraria de Calzada y K, en el Vedado, donde se podían apreciar decenas de coronas, entre ellas las enviadas por Fidel y Raúl Castro.
Portillo, cantante y guitarrista, fue uno de los grandes compositores de Iberoamérica y especialmente un impulsor del bolero, género al que le confirió un nuevo y particular aire cuando junto a otros músicos cubanos como José Antonio Méndez y Ángel Díaz, se convirtió en fundador a finales de la década de 1950 del movimiento musical llamado «filin» -cubanismo proveniente de la palabra inglesa feeling-, que se fundamenta en el sentimiento en la interpretación, con la incorporación de elementos armónicos y melódicos propios del jazz.
Nacido en La Habana el 31 de octubre de 1922, Portillo realizó varios oficios antes de dedicarse a la música profesionalmente en 1946 cantando en emisoras de radio y clubes nocturnos de La Habana.
Un año después grabó por primera vez su antológica «Contigo en la distancia» que marcó el salto definitivo a la fama nacional e internacional, pues ese bolerazo ha sido versionado una y otra vez por voces y estilos tan distintos como los del español Plácido Domingo, el brasileño Caetano Veloso, el mexicano Luis Miguel, y la estrella del pop norteamericana Cristina Aguilera.
Es posible afirmar que no hay intérprete cubano que no tenga alguna de sus composiciones en su repertorio, y figuras consagradas como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Chucho Valdés aseguran que se han enriquecido artísticamente con su influencia.
Al respecto, Silvio confesó que «él fue parte de mi ritual de iniciación y me alumbró con secretos del oficio de trovador con poca voz».
Hombre que nunca se dejó deslumbrar por la fama, se caracterizó además en el aspecto humano por su extraordinaria sencillez y por un permanente amor al trabajo, al que consideró como «su hobby».
«Creo que he sabido superar las dificultades que he tenido que sortear para hacer todo lo que he hecho. Creo que lo que he hecho tiene algún valor. Disfruto del reconocimiento social por mi labor. Disfruto de afecto y simpatía por mi trabajo, del que he logrado vivir honradamente», manifestó en una entrevista en 2005, y ese pudiera ser su epitafio.
Xiomara Reyes, primera bailarina del American Ballet Theatre (ABT), estuvo de nuevo paseando por La Habana después de 18 años de ausencia, Por ello muchos cubanos no la conocían, aunque hace un par de años, visiblemente emocionada, se presentó en la ciudad junto a las estrellas de la famosa compañía estadounidense.
Niña traviesa e hiperactiva, llegó a la danza porque sus padres decidieron que era una buena manera de aprovechar su desbordante energía y comenzó en el psicoballet.
Pero reconoce que «cuando ingresé en la Escuela Nacional de Ballet la historia se complicó. Fue un choque comprender que tenía que hacer ejercicios y fortalecer el cuerpo. Era la última de la clase. Ese año saqué la nota más baja y consideré dejarlo todo. Con el apoyo de mis padres decidí volver a intentarlo. Mi cuerpo respondió.
Luego, Laura Alonso fue quien con su pasión por la danza me inspiró a ver las posibilidades de expresión que el baile me brindaba».
A los 19 dio el gran salto: «Imagina lo que fue dejarlo todo y aventurarse a otro mundo del que no se tiene idea. Pero uno va a donde el impulso lo lleva. Al mismo tiempo tenía muchas cosas que aprender.
«Extrañé nuestra forma de ser, tan amante de la vida y de la broma hasta en las dificultades. Hubo momentos duros, y días felices. Al tiempo que crecía profesional y personalmente, esos recuerdos, y el contacto con mi familia que vive en la isla, armaron estos pedazos de memoria que resumo con dos palabras: Cuba y yo».
Ir a bailar a una gran compañía extranjera «significó mi realización; pero quién soy yo para decir que la única opción es viajar. La respuesta está en lo que tu corazón te pida, en tu formación, en tus propósitos personales. En mi caso fue ir y descubrir. Para otros fue, es y será quedarse en el lugar que los vio nacer».
Creo que en Cuba algunos tienden a esconderse detrás de las limitaciones, como justificación a la imposibilidad de realizar sus sueños. Mi vida no es perfecta; pero siempre he tenido mis sueños en la mirilla y las veces en que no he podido realizarlos es porque mis propias limitaciones han ganado la batalla”.
El flujo de músicos entre La Habana y Miami parece seguir a buen ritmo, y a la sistemática presencia en la radio, la televisión y el teatro del compositor Descemer Bueno, y la sorpresiva aparición de Isaac Delgado, el ‘Chévere de la Salsa’, junto a Silvio Rodríguez, ahora le tocó el turno al cantante y compositor Elaín Morales, quien por estos días está grabando un disco en Cuba y celebró sus 15 años de carrera artística con un concierto nada menos que en la sala Avellaneda, del Teatro Nacional.
Elaín, quien era una de las voces de la popular orquesta de Pachito Alonso y sus Kini Kini, abandonó la agrupación en el 2000 durante una gira por Estados Unidos y se radicó en Miami, donde logró reconocimiento internacional con el álbum ‘El disfraz de la luz’, del 2010, mientras que ‘Volando Alto-On the Road’, su tercera producción discográfica en Estados Unidos, fue nominada como Mejor Álbum Tropical Contemporáneo y Mejor Artista Joven en el Grammy Latino del 2012.
Sus apariciones por La Habana no son nuevas, pero eran más discretas, no al nivel de dar un concierto, como él mismo anunció, con invitados de lujo como Kelvis Ochoa, Luna Manzanares, David Torrens y Manolito Simonet, y acompañado por «una nueva banda que espero me acompañe para toda la vida».



