Como cada año, con la llegada del 1 de junio comienza la temporada ciclónica, que debe prolongarse hasta el 30 de noviembre, y con ella, las preocupaciones y las cábalas de toda Cuba sobre las posibilidades de que uno o varios huracanes pasen por la isla con la secuela de lluvias, ventoleras, apagones y daños materiales. Como cada año, con la llegada del 1 de junio comienza la temporada ciclónica, que debe prolongarse hasta el 30 de noviembre, y con ella, las preocupaciones y las cábalas de toda Cuba sobre las posibilidades de que uno o varios huracanes pasen por la isla con la secuela de lluvias, ventoleras, apagones y daños materiales.
También quienes se aprestan a traer un hijo a este mundo, dispondrán de una variada lista para escoger el nombre que le pondrán a su retoño, pues para esta temporada, según todos los pronósticos, deberán formarse en la zona del Atlántico, los ciclones Andrea, Barry, Chantal, Dorian, Erin, Fernand, Gabrielle, Humberto, Ingrid, Jerry, Karen, Lorenzo, Melissa, Nestor, Olga, Pablo, Rebekah, Sebastián, Tanya, Van y Wendy, y si las cuentas de los meteorólogos salen mal, tendrán que agregar otros nombres a la lista.
Para los desconocedores de los secretos de esta ciencia, que son la mayoría, los especialistas del Instituto de Meteorología son como una especie de pitonisas que acaban de pronosticar la ocurrencia de 17 ciclones en el Atlántico Norte, nueve de ellos con fuerza de huracán, y aseguran que de ellos uno podría afectar a la isla, en lo que califican como una temporada «activa». Dicen los historiadores que desde 1791, cuando comenzaron a llevarse los registros de esos fenómenos y hasta 2011, Cuba fue afectada por 113 huracanes, de diferentes potencias, aunque solo tres alcanzaron la categoría cinco, de más de 251 kilómetros por hora, la máxima de la escala Saffir-Simpson.
Pero el desastre material más fuerte que se recuerda fuel el ocurrido en el 2008, cuando tres de ellos golpearon en pocos días a la isla, dejando solo siete muertos, pero pérdidas por 10.000 millones de dólares, incluidas medio millón de viviendas afectadas.
Otro que acabó «con la quinta y con los mangos» fue Sandy, que el año pasado barrió el oriente de la isla y todavía en varias provincias de esa región no han logrado recuperarse totalmente de sus secuelas.
Los más viejos siempre hablan también de los ciclones de 1919, de 1926, de 1933, de 1944, de los que ya nadie recuerda los nombres, pero sí que uno se llevó por los aires un circo completo, y que otro fue la causa de que el vapor Valbanera, cargado de emigrantes españoles, no pudiera tocar puerto en La Habana y se hundiera mar adentro, y del Flora, en 1964, un cicloncito de poca potencia pero que con un rumbo errático dio tantas vueltas por los mismos lugares y dejó tantas lluvias que provocó la muerte de más del mil personas, por lo cual ha sido el más mortífero.
Así que, como dice Cunda, una vieja casi centenaria que todavía tiene la mente en su lugar, «a cruzar los dedos y vamos a ver qué pasa».



