Que los pollos no vuelan es la más sabía y lógica conclusión a la que llega cualquiera, cubano o no, a la hora de comprar pollo, ya sea «el que toca» por la libreta de abastecimientos, o el que venden en las shoping, porque sencillamente, las alas al parecer no existen y todo indica que el defecto proviene de los lejanos países donde la isla adquiere ese alimento en cantidades industriales, ya sea Brasil, Francia o la Conchinchina. Que los pollos no vuelan es la más sabía y lógica conclusión a la que llega cualquiera, cubano o no, a la hora de comprar pollo, ya sea «el que toca» por la libreta de abastecimientos, o el que venden en las shoping, porque sencillamente, las alas al parecer no existen y todo indica que el defecto proviene de los lejanos países donde la isla adquiere ese alimento en cantidades industriales, ya sea Brasil, Francia o la Conchinchina. Si usted va a la shoping encontrará muslos (aquí en España los llamamos perniles) congelados, o contramuslos (muslos), o pechugas, o paquetes de hígados o de mollejas. Por cierto, muy raramente todo al mismo tiempo. Pero alas nunca.
Con menor frecuencia podrá encontrar pollos enteros congelados y solo en ese caso tendrá la dicha de degustar la tierna carne de las extremidades ¿superiores? de las aves. Así que a estas alturas, por lo menos quienes viven en las ciudades, ni se acuerdan que los gallos y su harén saben volar para trepar hasta lo más alto del gallinero.
Pero la cosa empeora cuando se trata de adquirir los pollos por la libreta. Esos solo constan de muslo y contramuslo (el cuarto trasero completo), pues nunca nadie ha tenido la suerte de comprar por ese sistema ni las alitas ni las pechugas. Y si las piezas sobrepasan el peso que a usted le corresponde (una libra por persona) pues un carnicero implacable se encargará de darle un certero hachazo tras el cual usted puede llevarse a casa un buen pedazo de carne o de hueso.
Y no vamos a hablar de lo que ya es costumbre: entregar una cuota de «pollo por pescado», con lo cual muchos quedan convencidos de que, efectivamente, esos pollos que se venden en Cuba son unos extraños animales que no aparecen ni en las leyendas de la mitología griega.



