COLGATE Y GILLETTE

Radio Bemba

Aunque parezca que no, en Cuba también los hay. Si vivieran en Madrid serían pijos, pero como viven en La Habana, todo el mundo los llama plásticos. Aunque parezca que no, en Cuba también los hay. Si vivieran en Madrid serían pijos, pero como viven en La Habana, todo el mundo los llama plásticos.

Ellas y ellos hablan con zumbido de mosquitos de tanto que arrastran las eses, y aunque no acostumbran a pronunciar la expresión «o sea» cincuenta veces en cien palabras, su costumbre es decir «para nada» cada vez que abren la boca y luego agregan con voz lánguida todo lo demás. Y así se les oye dialogar:

«¡Hola mi ami! Para nada me dijiste ayer que ibas hoy a la playa».

«Para nada, es que no fui porque quedé muerta el sábado con los ejercicios del gim, pero para nada mi ami, el domingo que viene estamos en Santa María sin falta».

«Dale mi ami, que nos vemos allá».

«Para nada cari. Chaooooooo».

Y como buenos plásticos son fans a las cosas de marca, unos porque tienen plata y otros porque prefieren pasar hambre para lucir lo máximo, y por eso casi siempre compran en las boutiques de La Habana Vieja o de los hoteles, pues en el resto de las shoping es difícil que un producto se mantenga con un abastecimiento estable.

Y aunque suene increíble, también han salido en ayuda de los chicos y chicas plásticos nada menos que los timbiriches que han florecido como la verdolaga al calor de las reformas y gracias a la invasión de mulas procedentes de Miami, Panamá o Ecuador.

Algunos que comenzaron siendo simples vendutas ya se han convertido en boutiques que solo venden ropas y zapatos de «caché», apropiados tanto para un casino de Las Vegas como para marcar territorio en el cabaret Tropicana, pero nunca para viajar en una guagua repleta a las cinco de la tarde.

Algo parecido ocurre con los productos de higiene y cosméticos, porque debido al embargo, al bloqueo o como se llame, en las tiendas del estado es misión imposible hallar pasta Colgate, desodorante, máquinas y espuma de afeitar Gillette, jabones Palmo­live o Camay y mucho menos esa rara avis, Old Spice, que ya cuesta trabajo encontrar incluso en Estados Unidos.

Pero para adquirirlos basta ir a la Feria de Ecuador en Mantilla; a La Cuevita, en San Miguel del Padrón, o a la candonga de El Mónaco, por mencionar solo algunos puntos estratégicos.

Si son del país de origen o made in China no importa; lo mismo ocurre en cualquier parte del planeta.

Lo importante es consumir la marca y ahí están las más conocidas, para hacer felices a los plásticos, porque para ellos lo malo no es aterrillarse bajo el sol de la playa, eso para nada, sino sudar la gota gorda sin oler a Chanel.

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